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domingo, 1 de abril de 2012

CAPITULO X: KARUG AND


KARUG AND

Abaddon observaba la flota que tenia ante si. Estaba compuesta por multitud de naves, de casi todas las Legiones Traidoras. Los Amos de la Noche no habían contestado, al parecer no les interesaba la vendetta personal de Abaddon y la Legión Alpha, mejor no hablar de ella. Aquellos traidores, en ese momento estaban intentando crear un Príncipe Demonio en el sub-sector de Aurelia para atraer  a los Cuervos Sangrientos a su causa. Y él no lo permitiría, Abaddon el Saqueador. No podía permitir que alguien de tan baja categoría con Kyras, un traidor a sus mismos ideales, hiciera aquello. No él lo que quería era destruir a los Cuervos Sangrientos, empezando por su capitán, Gabriel Angelos. Le haría pagar todo lo que les había hecho, desde el ataque a las Forjas del Ángel de Meridian.  Allí había mucho material que el necesitaba y por culpa de los Eldars  y Angelos, con la ayuda de Thule, sus marines y un tal Aramus, se lo habían quitado. Por eso había enviado allí a Eliphas y a su hechicero, Neroth para que de una vez se encargaran de los dos asuntos, destruir a Kyras y de camino terminar de una vez con los Cuervos Sangrientos. Pero conocía a los dos, a Eliphas y Neroth y sabía que algo no iba a salir bien. Estaba dispuesto a ir a Aurelia, cuando sucedió lo del Espíritu Vengativo. Un extraño había entrado en el puesto de mando, dejado una hombrera de los Lobos Lunares y detrás, escrito un mensaje: “Te espero en Isstvan III”. Aquello lo enfureció, tiro la maldita hombrera contra una de las paredes, además de matar a varios servidores en el trayecto desde el puesto de mando de la nave a hasta sus aposentos.
Y ahora estaba allí, contemplando la inmensidad de la Disformidad. Aquello podría volver loco a cualquier persona normal, pero Abaddon no era normal. Era un astarte, uno de los Elegidos del Emperador para conquistar la Galaxia. Pero ya no lo seria más. Todo había cambiado en Davin, cuando el Señor de la Guerra fue herido de muerte. Allí cambio todo y también él cambio.
Observaba las naves que le seguían, reconoció el perfil de la Terminus Est, la nave de Typhus, Heraldo de la Guardia de la Muerte. La nave, aun siendo una sombra de lo que había sido, era imponente y gigantesca. Era una nave de combate, una de las más grandes, si se exceptuaba al Revienta Planetas. Esa era su nave, una gigantesca mole de acero y ceramita que surcaba el espacio, pero que en aquel momento no estaba allí. Iba en el Espíritu Vengativo, la que fue antigua barcaza de combate del Señor de la Guerra y que actualmente era su nave insignia.
Y junto a ellas, un montón de naves más, de todos los tipos, desde destructores a cruceros, pasando por fragatas, incursores y acorazados. Todos estaban allí, todas la legiones que habían respondido a su llamada y algunos Capítulos Renegados, como los Corsarios Rojos de Hurón Blackheart,  o los Despojacraneos  y los Purgadores. La verdad era que eran incontables, y había formado una formidable flota de por lo menos cerca de treinta naves.
En aquel momento entro su segundo al mando, Korda.
-          Mi Señor.- dijo Korda.
-          ¿Alguna noticia de esos estúpidos de Eliphas y Neroth?
-          Por ahora no. En su ultimo informe decían que habían abandonado Typhon, donde habían encontrado resistencia de orkos y tiránidos, así  como imperiales y habían llegado a Calderis donde se han encontrado con Cuervos Sangrientos  leales a Kyras. Se enfrentaron a ellos y uno que tomaron cautivos que  les informaron que se habían enfrentado a otros Cuervos, traidores a Kyras, liderados por un capitán llamado Diomedes, que también lo estaba buscando.
-          ¡Les deje bien claro que no quería prisioneros, esos dos se van a enterar de quien soy!. Korda quédate al mando, voy a comunicarme con ellos.
-          Entendido mi Señor- dijo Korda haciendo un gesto con el puño en su pecho – ¿ha visto la nueva nave que se ha unido a la flota?
-          ¿Qué nueva nave?
-          Al parecer nuestro amigo Lord Khârn por fin ha encontrado unas mascotas dignas de su respeto.
Korda señalo hacia la nave de los Devoradores de Mundos, y Abaddon vio una pequeña y desvencijada nave.
-          ¡Orkos! Lo que faltaba, como puede ser esto.
-          Al parecer los encontró en un planeta del borde exterior. Uno de sus subalternos me conto la historia, ¿Le gustaría escucharla?
Abaddon asintió, sentía curiosidad por ella.



Karug And era un orko, un noblez. Durante el ataque a un fuerte imperial, el líder de su tribu fue asesinado por los imperiales y la tribu se desbando. Él junto con el resto huyó, pero tiempo después, retornaron a lo que había sido su poblado e intento reclamar el puesto de Kaudillo. Pero había otro noblez que también quería el puesto. Este era tanto o más aguerrido y salvaje que él y como es natural en esta raza solo había una forma de saber quien de los dos era el elegido. Se enfrentaron en un combate.
Karug era un orko fuerte, pero su contrincante, aunque no tan fuerte, tenia más armamento y de más calidad que él. El combate fue desigual desde el principio. Karug golpeaba cegado por el odio y sabedor de que lo aplastaría ataco, con fuerza desde el principio, sus armas antiguas y toscamente fabricadas demostraron ser poco eficaces contra la armadura de su adversario. Este, en un descuido le saco un ojo  de un puñetazo y lo golpeo hasta casi hacerlo caer. Y viendo que estaba medio derrotado, le amputo la mano izquierda. Karug cayó al suelo, donde su adversario le golpeo hasta dejarlo sin sentido. Extrañamente, no lo ejecutó sino que lo abandonaron en el desierto, a su suerte.

Karug despertó más tarde, estaba malherido y deambulo sin rumbo ni dirección hasta caer al suelo agotado, después no recordó nada más.

Días más tarde despertó. Estaba en una tosca choza, en medio del desierto.
Una tribu de orkos salvajes lo había encontrado, eran unos parias, alejados de todo. Al ver a aquel orko tan grande, pensaron que si lo salvaban tal vez seria un buen Kaudillo para su tribu. Uno de los orkos de la tribu, el más mañoso le había puesto una mano nueva, una especie de garra de metal, que resulto ser un buen sustituto. También le arreglo su ojo, injertándole uno que había construido sacando materiales de quien sabe donde y que sustituía al perdido. Así fue como, cuando salió por primera vez de la choza donde lo habían estado cuidando y  miro a su alrededor.
El poblado estaba construido cerca de una inmensa mole de piedra, era  un par de columnas que soportaban el peso de un capitel desgastado por el paso del tiempo.  En el capitel había grabados símbolos, cráneos y otras figuras. Recreaciones de Gorko y Morko, pensó Karug. Y entonces lo escucho.
Hacia mucho tiempo que no oía aquella voz. Antes, cuando salió de la tierra, cuando nació escucho aquella voz. Después, con el paso del tiempo fue dejando de escucharla, o bien él no le echaba cuenta. Tampoco se lo dijo a nadie. En su tribu, quien decía aquellas cosas era sacrificado a Morko, su cuerpo era despedazado y sacrificado.
Durante años había negado aquellas voces que le susurraban. Ya hora allí, le gritaban.
Sangre, sangre, sangre. Eso decían las voces hasta volverlo loco. Se giro y vio como se acercaba una especie de chaman. Era el orko más viejo que había visto nunca y se dirigía a él.
El chaman le hablo y le dijo que los dioses le habían enviado para dirigir a su tribu. Y además le dijo que su Dios exigía una prueba. Quería sangre, que demostrara que era digno de dirigirlos.
Karug asintió y le pregunto que prueba quería. El chaman le explico que no muy lejos, al norte existía un asentamiento humano. Los humanos los atacaban algunas veces y mataban alguno de ellos. Le dijo que tenía que acabar con ellos.
Kartug eligió a los cinco orkos más grandes, a los que más imponían. Se armaron con algunas pistolas caseras hechas por el manitas, que a este paso se estaba ganado el puesto de mekanico, ya que era bastante hábil a la hora de montar y desmontar cosas. También les construyo algunas arcaicas hachas así como alguna que otra espada. No eran gran cosa, pero lo suficiente como para poder rebanar a un humano por la mitad.

El asentamiento humano era pequeño, formado solo por una decena de casas, rodeadas por una cerca de alambre. También había una pequeña guarnición, un pelotón de Guardias Imperiales, armados con fusiles laser y poco más. También tenían un vehículo, un antiguo camión, que servía para que se trasladaran en las patrullas.
Karug y sus orkos atacaron. Los Guardias Imperiales, sorprendidos por los gritos y disparos, intentaron repeler el ataque. Pero antes de poder hacer nada, Karug había matado a uno y tenia la cabeza de otro en sus garras. El resto de orkos, también atacaron y mataron al resto de los Guardias.  Después vino la masacre. Entraron en el poblado y mataron a todo lo que se le ponía por delante, hombres, mujeres, niños, animales, todo. Los orkos se pintaron su cuerpo con la sangre de los muertos y hasta el mismo Karug lo hizo.
Cuando volvieron al poblado, el chaman los miro aceptándolos. Traían lo que les había pedido su Dios, sangre. Pero el Dios quería más, necesitaba más sangre.
Karug sabia que eran muy pocos, que solo si unía declaraba un Whaaag!!!  varias tribus se unirían a él y lograría una fuerza que le proporcionaría la sangre al Dios. Y hablo con el chaman, le explico que existía una tribu grande, que era respetada por todos. Era su tribu, y con ella podían darle al Dios lo que pedía. El chaman asintió y le dijo, que desde ese momento era el favorecido de su Dios, que le daría la fuerza que necesitara para hacer  que necesitara.
Karug partió con su cohorte de noblez, todos pintados con sangre de sus victimas. El plan de Karug era presentarse en el poblado y retar a su líder, quien lo había derrotado. Obtendría lo que quería, una fuerza de combate para el Dios y lo que más ansiaba, su venganza.

El mekanico había reparado fabricado  nuevas armas, así como había mejorado una vieja ametralladora que Karug tomo como suya. Mejoro su garra, haciendo que respondiera mejor a sus deseos. También le fabrico un estandarte, donde exponer sus trofeos del cual ya colgaba varias cabezas humanas. Así armados, fueron con el camión, ya zakeado por el mekanico y convertido en todo un kamión orko. Era una maquina destartalada, cubierta de protecciones metálicas por todos lados. También le había instalado un akribillador, un arma defensiva potente así como una achicharrador. No estaba mal para empezar.

Cuando llegaron al poblado, todos los orkos se quedaron mirándolo. Todos ya le creían muerto, pero verlo aparecer así la verdad si les  asombro. Pero sin duda el más asombrado fue su rival, el actual kaudillo de la tribu. Karug lo reto a un combate, puso en duda su autoridad.

El kaudillo se rio de él llamándolo enclenque, que si ya lo había vencido una vez lo volvería a hacer. Pero esta vez lo mataría, no seria benevolente con él, y su cabeza adornaría su sala de trofeos, para que así nadie más cuestionase su autoridad.

El combate comenzó. Karug llevaba solo su garra injertada en su brazo, mientras que su rival empuñaba una rebanadora gigantesca, que casi le llegaba hasta su cintura. El rival ataco primero, pero Karug lo esquivo. Este lo golpeó con su mano buena y el enemigo salió despedido unos metros, Así supo Karug que el Dios estaba con él, que le dotaba de mayor fuerza de la que nunca había poseído. Ahora ataco el con la garra, pero su rival paro el golpe con la rebanadora, e intento con la otra mano asestarle un golpe. Pero Karug lo vio venir y detuvo con su mano el golpe. Karug le dio un cabezazo que hizo a su enemigo recular. Ese momento lo aprovecho Karug para atacarlo de nuevo. Esta vez su golpe si impacto y fue tan brutal que el enemigo salió despedido unos metros. Una furia se apodero de Karug, no veía nada, solo sangre en sus ojos. Ataco con una furia inusitada. Agarro al otro orko y lo levanto en volandas y lo tiro contra el suelo. Una vez allí, retorciéndose de dolor,  volvió a levantarlo, esta vez con su mano normal y mirando a su público, acerco la garra a la cabeza de su enemigo y de un tajo brutal, cerceno su cabeza. Karug estaba lleno de sangre orka, que salía como un surtidor de donde había estado antes la cabeza de su rival.
Cogió la cabeza, aún sangrante y la mostro a todos. Uno de sus noblez le acerco su estandarte y, como trofeo la colgó.
Así, Karug se convirtió en el Kaudillo de la tribu más importante de su planeta.
Pero su Dios quería más sangre, por lo que Karug emprendió  el Whaaag!!! , ataco a humanos, a otras tribus orkas que no lo aceptaban como Gran Jefe. Vertió  mares de sangre, solo por una cosa, satisfacer a su Dios. Y este se dio por satisfecho.

El pequeño poblado que rodeaba la mole de piedra se convirtió en ciudad, y entonces, cuando el nombre de Karug And El Destripador se hizo famoso y temido en todo el planeta ocurrió algo que lo cambio todo.
La enorme mole de piedra entro en funcionamiento y se genero un portal de energía del cual emergieron unos Guerreros de armadura color  Sangre. Eran los enviados de su Dios. Y Karug And y sus elegidos acompañaron a los Guerreros de su Dios.

Korda termino de contarle la historia a Abaddon.
-          Kharn y algunos de sus legionarios se habían quedados atrapados en la disformidad durante un tiempo, y el sacrificio de sangre que ofreció aquel orko, fue el que abrió el portal. Kharn lo vio como un agradecimiento de Khorne, que cuidaba de su más ferviente seguidor. Además le ofreció un nuevo aliado, tan sanguinario como él.
-          Veremos cuanto dura esa alianza- dijo Abaddon.
Korda hizo una pausa.
-          Tengo también que informarte de algo, los Portadores de la Palabra dicen que su flotilla no esta completa, que una de sus naves se unirá a nosotros durante la travesía.
-          ¿Qué nave es?
-          Es una nave de Lord Erebus, en ella viene uno de sus lugartenientes. Creo que están dominando un mundo así que vendrán con tropas de refresco.
-          Korda quedas al mando, y vigila esa nave de los Portadores que falta, no me fio de Erebus. Voy a encargarme de esa pareja de estúpidos que son  Eliphas y Neroth.
-           
Abaddon salió de la habitación, mientras Korda observaba los colores cambiantes del Inmaterium……

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