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lunes, 27 de febrero de 2012

CAPITULO VII: INVESTIGACIONES

INVESTIGACIONES

Aviso: este capitulo incluye pequeños spoilers
 
La inquisidora estaba de un humor de perros y aquel día se levantó con la pierna izquierda. Llevaba tres días intentando hablar con alguien del Mournival, pero todos la esquivaban. Estaba intentando localizar a Loken, pero este, desde que ella había llegado no había vuelto a dar señales de vida. Primero intento hablar con el capitán Margoll, pero le dijeron que no estaba en Isstvan en ese momento, que había salido a una misión muy importante. Con Tarik, el capitán de las segunda tuvo más suerte, hablo con él pero no le dijo lo que intentaba saber. Y después lo mismo intento con Dernell, capitán de la quinta, pero este simplemente se negó a recibirla. Y ya estaba harta. Tenía que hablar con alguien, tenía que saber que estaba pasando. Veía el ajetreo y nerviosismo de la gente, y sabía que algo gordo iba a pasar. Además la desaparición de Loken durante tres semanas la inquietaba, algo iba mal. Y ese día se lo iba a jugar todo por el todo. Si alguien sabía dónde estaba Loken ese era el capitán Vipus, de la décima. Aunque era el capitán de la décima, Vipus era en realidad su segundo al mando. Ese honor le tocaba normalmente al capitán de la Primera, pero Vipus, junto con Loken y algunos más era uno delos supervivientes de Isstvan III, además de amigo personal de Loken. Y además sabía dónde encontrarlo. Siempre estaba últimamente en los manufactorums, supervisando la reparación del Fellblade, que ya estaba casi terminado. Llevaba puesta una  chaqueta de cuero sobre su mono de combate que era su uniforme habitual cuando no estaba en ninguna misión.La inquisidora sonrió. Allí estaba Vipus, dando órdenes a los astartes. Lo miro fijamente y vio lo distinto que era a Loken. Mientras Loken era serio, Vipus era más cordial y alegre con los marines. Charlaba con ellos como si no tuviera rango alguno, como si fuera uno de ellos. Tal vez fue por eso por lo que lo eligió para el puesto.
Se acercó a él y le hablo.
-          Hola capitán Vipus.
-          Hola inquisidora-le contesto Nero, sonriéndole.
-          Quisiera hablar con usted, si me lo permite.
-          Claro, sé que lleva días buscando algo. Si necesita saber algo yo soy su hombre.
-          Le he preguntado a todos los del Mournival por el comandante, ¿sabes usted dónde está?
-          ¿Garvi?, no tengo ni idea, pero, entre usted y yo, planea algo- dijo con voz profunda, pero que denotaba cierto sarcasmo.
-          Me lo imagino, pero usted sabrá algo más, ¿no?
-          Solo sé que se recibió una comunicación de uno de nuestros contactos, y Garvi salió con la Legion of One y la Primera Compañía. Debe tratarse de algo grave, supongo.
-          No se ría de mí, capitán- dijo la inquisidora al borde de un ataque de nervios- ¿ustedes están intentando reírse de mí?, le recuerdo que pertenezco al Ordo Hereticus, y puedo en cualquier momento poner todo esto patas arriba. Solo una comunicación mía y….
-          Y no sucedería absolutamente nada, inquisidora. Tenemos contactos, por encima de los suyos. Una orden suya aquí no vale para nada. Tómeselo como quiera, pero no sabrá nada de Garvi hasta que él regrese. Son sus órdenes. Y le aconsejo algo, dese una vuelta por la Academia, puede que allí aprenda algo.
-          ¡Cómo se atreve a dirigirse a mi así!, ¡usted solo es un capitán de compañía!
-          Eso es lo que cree usted, pero cuando Garvi no está, yo soy el comandante de todo esto, inquisidora, soy quien tiene que proteger  todo  y a cuantas personas viven aquí. Y le diré algo más. Sé dónde está Garvi, lo sé muy bien, pero no se lo diré, se ponga usted como se ponga. Bien si no le molesta, tengo que continuar con mi trabajo. Buenos días.
Vipus se dio media vuelta y la dejo allí, con un palmo de narices.
Ahora sí que la inquisidora estaba enfadada de verdad. Tuvo que concentrarse muchísimo para no hacer una barbaridad, como convertir en llamas a Vipus. Necesitaba tranquilizarse, así que se dirigió hacia sus habitaciones, allí podría olvidar lo sucedido.

Su habitación era para ella como su refugio. Allí huía de todo y de todos y estaba tranquila. La actitud de los astartes la exasperaba, no los comprendía. Las ordenes de Loken, sean cuales fueran, la dejaban a ella a un lado y eso no le gustaba. A los inquisidores se los temía por toda la Galaxia, menos en aquel lugar. La excluían de todas sus decisiones, la apartaban de su lado. Y Loken era el peor de ellos. No lo había vuelto a ver desde que llego allí y tramaba algo. Vipus lo sabía, era algo importante. Realmente importante si Loken se había llevado con él una compañía.
Pensando en todo esto un golpe quedo en la puerta la distrajo. No estaba acostumbrada a aquello, ya que donde vivía ella en Terra las puertas eran automáticas. Cuando alguien solicitaba verla, una voz sonaba y anunciaba al visitante. Allí era arcaico. Se acercó a la puerta y la abrió. Delante de ella estaba un hombre joven, de unos treinta años o tal vez menos, no parecía un astarte, llevaba una túnica de color gris piedra, con un símbolo de un lobo con una luna creciente en su pecho.
-          Buenos días, inquisidora Drem- dijo el joven-, el capitán Vipus me dijo que tal vez necesitara mi ayuda.
La inquisidora lo miro de arriba abajo. Vipus era un bastardo y seguramente para reírse de ella enviaba a un desconocido. Ella lo invito a pasar.
-          Me presentare, mi nombre es Matthias Hensson. Soy iterador de la Academia. El capitán pensó que podría venirle bien mis conocimientos.
-          ¿Iterador? Perdóneme pero, desaparecieron hace miles de años.
-          Bueno si, le explicare. Puedo sentarme ¿no?
-          Si, como guste- dijo ella asintiendo.
-          Le explicare. Efectivamente, desaparecieron hace miles de años. Pero el comandante está formando una nueva generación. Piensa que el mundo podría ser mejor con nosotros.
-          ¿Está formando iteradores?, yo creía que solo había astartes aquí.
-          La Academia está abierta a todo el que lo desee, ya sean astartes o humanos simples como nosotros. Todos tenemos derecho a una educación.
-          No me explico esto. No solo forma a astartes, sino también a humanos, ¿por qué?
-          Según el comandante, todos tenemos que ser formados. Tanto en mente como en espíritu y cuerpo.
-          No lo comprendo.
-          Bien, no lo esperaba. El comandante no es de esta época tan turbulenta. En el mileno 30, todos eran formados. El estudio con el gran Sidermann. Y él nos enseñó a una buena cantidad de nosotros. Y nosotros enseñaremos a las futuras generaciones.
-          Pero por qué. No lo comprendo.
-          Bien, le estoy intentando explicar. En los Lobos Lunares todos tenemos una formación. Lo mismo los astartes que el más humilde trabajador. Somos una familia.
-          ¿Familia?
-          Sí. Hace veinticinco años mi planeta fue atacado por adoradores de Khorne. Aparecieron de la noche a la mañana. Arrasaron el planeta en poco tiempo. Éramos esclavos, esperando nuestro turno para ser sacrificados. O bien ser convertidos en adeptos. No teníamos elección. Y entonces aparecieron ellos. Loken y la Locasta, acompañados por Vipus, Qruze, Garro y Tarvitz. Todavía lo recuerdo como si fuera ayer. Tarvitz era la perfección hecha muerte. Aniquilaba a los enemigos como si no fueran nada, Garro, salvaje pero efectivo, Qruze, caballero hasta en la guerra. Fue Nero quien me libero, quien me dio la vida que llevo. Toda mi familia había muerto, mis padres y hermanos sacrificados. Sobrevivimos unos veinte, que vinimos aquí. Yo… quería ser como ellos, como Loken, como Vipus. Me presente con ocho años a las pruebas, junto con más de medio centenar. Solo pasaron cinco y de ellos solo dos se convirtieron en astartes. Actualmente están en alguna de las compañías de reclutas, serán exploradores.
-          La trasformación en marine es así, solo sobreviven unos pocos elegidos.
-          Sí, es duro. Mire inquisidora, le cuento esto para que comprenda la importancia de todo lo que está sucediendo. El comandante tiene a su mando a solo tres mil astartes, menos de un diez por ciento de lo que fue nuestra legión, y de ellos, solo unos mil doscientos son hermanos de batalla.
-          Mil doscientos astartes. Un capitulo completo.
-          Solo la primera compañía y la décima están al completo, el resto de las compañías están a un cincuenta por ciento.
-          No lo comprendo. Tiene la fuerza de combate más potente de la Galaxia…
-          No tenemos todavía nada. Nuestros hermanos de batalla son novatos la mayoría, solo han combatido en pequeñas campañas. Menos mal que sus capitanes si tienen experiencia en combate. Hace años fueron enviado a distintos capítulos por ello. Allí aprendieron a ser astartes de verdad. Y también formo lazos con el resto de los principales Capítulos. El comandante tiene contactos en ellos.
-          Así que el comandante se aseguró de estar en contacto con los Capítulos, pero en teoría nadie debía de conocer la existencia de la Legión.
-          Solo unos cuantos la conocen. Algunos de ellos son altos mandos en ellos y la verdad solo conocen lo que el comandante ha decidido contar. Si quiere comprender todo esto venga mañana a la Academia. Allí vera todo con más claridad y podrán contestarle todas las preguntas que tenga.
-          Bien acepto su ofrecimiento.
-          La espero mañana, no falte no se arrepentirá.
El hombre  saludo cruzando las manos hasta los hombros, haciendo la señal del Aquila. La inquisidora se extrañó. El joven salió de su habitación. En su cabeza tenía muchas preguntas y aquel joven dijo que se las responderían. Tal vez fuera un principio para comprender lo que allí sucedía.
Paso todo el día pensando en aquello, que no se podía quitar de la cabeza, y decidió despejarse un poco. Vivir bajo tierra, como vivían ellos era algo que la ponía nerviosa. Salió de su cuarto y ando sin rumbo. La verdad es que la base que tenía allí Loken era maravillosa. Había construido cientos de viviendas bajo tierra, donde vivían los Lobos, era su refugio, pero ella necesitaba aire que respirar. Sabía que había una salida, una gran puerta que salía al exterior. Estaba más allá de los manufactorums, y allí se encamino. No tardo mucho tiempo en encontrarla. Era una puerta de ceramita, gigantesca y acorazada. En ella había apostados dos guardias, que le extraño que no fueran astartes. Vestían uniformes parecidos a los exploradores, por lo que supuso que serían de las Fuerzas Expedicionarias. El primer día, Loken le explico, después de su recibimiento, la jerarquía de la Legión. Aquellos, los expedicionarios, eran candidatos a astartes que habían sido rechazados y que formaban parte de un contingente de combate. Loken le había explicado su función, parte como tropas auxiliares, parte como fuerza de seguridad. Aquellos pertenecían a la segunda compañía, que se encargaba de la seguridad del complejo. La primera compañía estaba formada por veteranos, algunos de ellos incluso con experiencia militar. Y los acompañaban en algunas misiones, sobre todo como tropas de defensa. Cuando los astartes tomaban un objetivo, ellos se dedicaban a defenderlo, fortificarlo y mantenerlo mientras los astartes avanzaban. Pero aquellos dos eran solo un grupo de seguridad nada más, sin entrenamiento militar. Paso por su lado y no le dijeron nada, se detuvo delante de la puerta y espero. Los dos chicos charlaban sobre cosas sin sentido para ella, fueron unos segundos, pero para ella fue una eternidad hasta que la puerta chirrió y se abrió. Una bocanada de aire fresco le dio en la cara.
Al estar en el exterior, vio lo que tenía montado Loken allí. La puerta estaba rodeada de bunkers, al menos dos, en ese momento vacíos, pero preparados para cualquier eventualidad. Un generador, uno de los cientos que había en el planeta, traqueteaba.
Ella avanzo y cuando llevaba un poco de trecho se volvió y miro la puerta. Desde afuera parecía vieja y desvencijada, coronada por un Aquila imperial en su parte superior. Trampas antitanques estaban situadas en el camino. Se volvió y algo le llamo la atención. En una colina cercana, había una especie de edificio, aquello le llamo la atención y se dirigió a ellas. No estaba muy lejos, y además el andar le sentó muy bien, ya estaba harta de estar bajo tierra. A medida que se iba acercando veía algo. Era un edificio alto, con una gigantesca Águila Imperial rota que estaba en la entrada. También vio que  la Puerta tenia forma de águila. Le recordó a los Templos que se dedicaban al culto del Dios Emperador, pero aquel era distinto. Junto a la puerta, a cada lado había dos gigantescos ventanales que  dejaban entrar luz en el interior. Por su configuración en cruz, aquello se le antojaba como un templo. Miro arriba, a lo más alto y vio que de su fachada colgaban estandartes, por lo que podía ver eran de distintos Capítulos, pero todos tenían en común una cosa, eran los nueve originales. Vio un estandarte de los Ángeles Oscuros, otro de los Lobos Espaciales y uno de los Cicatrices Blanca en la fachada de la puerta. Entro. AL entrar vio una enorme nave, en forma de cruz, solitaria y con una gran estatua que representaba  un marine espacial con una espada y un escudo. Le extraño el color, rojizo que habían usado para hacerla, normalmente estas estatuas eran de piedra blanca o metálicas, doradas o plateadas. Continuo avanzando y vio dos puertas en cada uno de los lados de la cruz, siguió andando y miro hacia arriba. Era gigantesco, con tres plantas de pasillos. Eran como balcones interiores, sin barandillas. Estaban en la zona de entrada y terminaban encima de las puertas que formaban la parte trasversal de la cruz. Siguió andando en dirección a la estatua. Estaba en un pedestal el cual estaba flanqueado por dos lobos de piedra blanca. Eran muy realistas, pero lo que más le choco fue cuando observo los signos que estaban en el pedestal. Reconoció el símbolo central, la heráldica de los Lobos Lunares, en la parte superior izquierda estaba un cráneo recubierto por una especie de corona, era el de la guardia de la Muerte y justo en el lado contrario había uno que era como un águila  rodeada de rayos. Le extraño ya que ese símbolo le era familiar, ya que le recordaba al de la guardia del Emperador, los Custodes. Justo debajo en la parte derecha había uno que reconoció enseguida, el de los Cuervos Sangrientos y en la parte izquierda uno que podría ser como una gigantesca boca que se comía un mundo. Devoradores de Mundos, supuso. Era extraño ver esos cinco símbolos de heráldica allí juntos en  el pedestal. En ese momento algo la altero. Se giró rápidamente al escuchar un ruido.

Delante de ella había ¡un lobo! el animal era blanco como la nieve y estaba delante de ella gruñéndole, enseñándole los dientes. Instintivamente se llevó su mano a la cadera donde llevaba su pistola.
-          Yo usted no lo haría inquisidora- dijo una voz detrás de ella. Se giró y vio a un astarte que caminaba hacia ella.
-          Capitán Tarik- dijo ella cortésmente.
-          Inquisidora, creo que a Reev no le cae usted muy bien- dijo el joven. Lo miro de arriba abajo y lo vio claramente su armadura blanca, pero con hombreras grises  claro, diferente a la que llevaban el resto de los Lobos. Llevaba un lobo en el pectoral, y estaba cubierto de pieles de esos animales.
-          Es suya ese lobo, no.
-          Sí, es mío, en teoría. La verdad es que me lo encontré hace muchos años- el joven lo llamo y el animal fue hasta él corriendo. Se sentó a su lado y lo miraba fijamente con devoción-. La verdad es que el me encontró a mí.
-          Regalo de los Lobos Espaciales, si no me equivoco.
-          En parte sí, pero no en realidad. Cuando estuve en Fenris tuve que pasar su iniciación y durante ella lo encontré. Era un huérfano, así que creo que por eso lo adopte.
-          ¿Qué este complejo?- dijo ella señalando con la mano a su alrededor.
-          Curiosa pregunta, en realidad es un templo.
-          Un templo, creí que los astartes no creían en dioses, salvo en el Emperador.
-          Esto es el Templo de las Legiones. Y en realidad no es un templo. Es un monumento. Acompáñeme y le contare lo que es.
La Inquisidora se unió al joven y ambos anduvieron hasta llegar a lo que parecía unas escaleras. Subieron hasta una planta y se lo mostro desde las alturas.
-          La estatua es diferente…
-          La piedra es obsidiana- dijo él- el comandante creo que la trajo de Terra hace muchos años.
-          Parece un sitio de oración..
-          Puede serlo. En realidad es un monumento a los que murieron aquí en este planeta hace muchos años. Le hubiera gustarlo hacerlo donde estaba la basilica Makariana, pero aquella zona no es segura.
-          Allí fue donde lucho Loken con Abaddon.
-          Si, allí. También aquí murió Togarddon.
-          ¿Era amigo del comandante?
-          Su mejor amigo. Lo mato Pequeño Horus. Creo que por eso Garvi levanto esto.
-          ¿Lo llama Garvi?
-          Le extraña, inquisidora.
-          Solo una persona lo llama así.
-          Nero, si es el único y nosotros, Kernya, Casius, Andalecius, Fabricio y yo. Vera él, Garvi, me salvo hace muchos años. Yo vivía en Terra, era un niño y me dedicaba a sobrevivir en sus calles. Robaba a la gente en las calles. Y le robe a él.
-          ¿Le robo?
-          Si, le robe pero él me detuvo. Creí que me entregaría a los Arbites, pero hizo otra cosa. Me cogió y me trajo aquí.
-          ¿Cuánto hace de eso?
-          Cincuenta años. Soy el más joven, el capitán más joven. La verdad es que tuve suerte.
-          Y ha llegado a capitán, no está mal para un pequeño ratero.
-          Si- dijo el sonriendo- tuve suerte de robarle. Mi vida desde entonces ha cambiado mucho. Ahora estoy aquí y tengo a Reev.
-          Es un lobo de Fenris, no.
-          Sí, es un lobo de Fenris.
-          Raro que este aquí.
-          Es un animal fiel. Además es mi guardaespaldas.
-          Así que estuvo en Fenris con los Lobos.
-          La verdad es que me aceptaron bastante bien. Son un Capitulo extraño.
-          Si, también están bajo sospecha desde hace muchos años.
-          Se refiere a la mutación. Si la Inquisición tuviera que investigar a cada Capítulo no acabaría nunca. Cada uno tiene su tara. Menos los Ultras, ellos son perfectos.
-          Los Ultramarines son unos de los Capítulos que más ha colaborado con la Inquisición.
-          No quiero hacer una charla con usted sobre pureza, cada quien es como es y hay que aceptarlo tal y como es.
-          Yo tampoco. Así que el comandante creo este Templo.
-          Si, fue hace muchos años. En realidad es una especie de lazo que les une. En la fachada de la entrada están cada uno de los símbolos de las nueve Legiones leales, con sus respectivos banderines.
-          Y los símbolos que están en la estatua.
-          Ah esos. Habrá reconocido alguno.
-          Si, algunos de ellos, ¿qué significan?
-          Legiones traidoras que permanecieron fieles al Emperador, eso significa. Nosotros los Lobos, Devoradores de Mundos, Hijos del Emperador, Guardia de la Muerte…
-          Y Cuervos Sangrientos, no lo comprendo.
-          Los Cuervos son sucesores de los Mil Hijos. Antes de la destrucción de Prospero, Magnus mando una flota por todo el universo. Unos Mil Hijos del culto Corvidae llegaron a un planeta y se asentaron allí. De allí nacieron los Cuervos Sangrientos.
-          ¿Un secreto?
-          Exacto, una verdad revelada. Como muchas verdades ocultas.
-          Los Hijos del Emperador no existen, ni los Devoradores de Mundos.
-          Muchos Devoradores murieron durante el ataque al Palacio Imperial de Terra, pero algunos sobrevivieron muy pocos, Tarvitz y los suyos es lo único que queda de los Hijos. Después de la Herejía cambiaron su nombre por los Protectores del Emperador y se ocultaron en el Palacio Imperial. El resto ya lo sabe.
-          Si ya lo sé. Lo que no se es como ha podido estar oculto durante tanto tiempo.
-          Garvi y sus amigos se han movido cautelosamente. Tanto Garro como Iacton han operado siempre en las sombras, poniendo a otros por delante. Durante un tiempo se habló que un tal Jano dirigió a los Caballeros Grises, pero lo que nadie sabía era que el tal Jano era Iacton. Todo el mundo pensó que era un inquisidor del Ordo Malleus. Garro fue más allá. Creo los Guardianes de la Muerte y los dirigió en multitud de misiones. Pero no fue idea suya. Siglos antes el Sigilita hizo lo mismo con Garro para buscar un grupo de élite, formado por astartes de diferentes Legiones. Loken también fue uno de ellos, su nombre clave era Cerberus. Lo ve usted inquisidora, siempre han estado aquí, manejando los hilos, pero nadie se ha dado cuenta.
-          Ahora comprendo muchas cosas, pero lo que se escapa a mi entendimiento son ustedes. ¿Cómo estar ocultos durante tanto tiempo?
-          De la misma forma, pero ocultos bajo distintos nombres. Aparecimos en Tallarn, en Sexteus. Le contare lo de Sexteus. Era un mundo demonio que apareció hace unos veinte años. Acababa de salir de la Academia y fue mi primera misión. En ella, aparte de mi iban otros que seguro conoce, como a Ferrus, Andalecius Margol y a Casius Darnel. Todos estábamos allí, recién ascendidos a Iniciados, nuestra primera misión importante. Nos acompañaban Nero y Garvi, así como casi toda la primera compañía. En realidad solo existía la primera compañía, ya que el resto eran neófitos. Como le dije fue nuestra primera misión. El comandante quería vernos en acción en un mundo hostil y que más hostil que un mundo demonio. Supongo que nunca habrá estado en un sitio así.
-          No
-          Bien no sé cómo explicárselo, pero piense en el sitio que más aborrezca y odie, pues un mundo demonio ni se acerca a eso, pero es parecido. Íbamos unos doscientos, armados hasta los dientes. Teníamos la confianza y la fe necesarias para derrotar al enemigo. Los Portadores de Palabra habían reclamado aquel mundo como suyo, pero después nos enteramos que estábamos allí por una sola razón, Garvi había recibido un soplo que allí se encontraba Erebus y quería matarlo.
-          Era una venganza
-          Exacto. Mientras nosotros distraíamos a los Portadores, él se enfrentaría contra el traidor. Pero todo salió mal. Erebus no estaba allí, había estado pero en aquel momento no estaba. Y nos encontramos en una trampa. Luchamos por cada metro para salir de allí y a decir verdad casi no lo contamos. Sobrevivimos pero a costa de muchas bajas, pero lo peor fue lo de Ferrus. Kernya se enfrentó a un psíquico, que lo destrozo. Perdió su mano derecha y su pierna, así como sufrió graves daños en la cabeza. Quedo como un vegetal durante un tiempo hasta que el apotecario y el tecnomarine lo curaron. Y como le he dicho salimos de allí de milagro
La inquisidora no sabía lo que contestar. Miro la estatua y enseguida comprendió lo que significaba. Aquello era un monumento a todos los astartes muertos en combate. Pero algo la hizo reaccionar. Sonó un zumbido que procedía de Tarik, quien se llevó su mano a la boca.
-          Si, que pasa. Bien Nero enseguida.
-          ¿Qué ocurre?
-          Hay una reunión, debo de partir de inmediato y usted debe venir conmigo. Si quiere respuestas ahora las va a tener.

La inquisidora y Tarik volvieron a la base. Durante todo su camino vieron que lo que pasaba allí era importante. Toda la tranquilidad que se respiraba anteriormente se había convertido en un torbellino de actividad. Veía a multitud de astartes y también a ciudadanos normales ayudándoles, así como a expedicionarios, pero estos eran distintos a los que veía comúnmente. Eran de la primera compañía y en ellos vio a guerreros casi tan hábiles como los astartes que estaban preparados para todo. Pensó que algo gordo estaba pasando.

La sala estaba repleta de mandos, estaban todos los capitanes de las compañías además de mandos intermedios y mandos de las compañías de la Fuerza Expedicionaria. Ella entro con Tarik y se dirigió donde estaba Vipus, quien dialogaba con Margol.
-          ¿Qué es lo que pasa capitán?
-          Garvi  ha vuelto. Nos ha citado a todos aquí.
-          ¿Algo importante?
-          Si creo que si.
-          ¿Usted ya lo sabe, no? siempre lo ha sabido lo que pasaba.
-          Inquisidora no es mi competencia informar de esto. Garvi se lo dirá como al resto.
-          Después de la reunión me gustaría hablar con él.
-          ¿Es un ruego, inquisidora?
-          No, no es un ruego, es una orden
En ese momento entro Loken en la habitación. Llevaba su armadura  Mark IV verde marino todavía. Todo el mundo se calló esperando que el hablara.
-          Gracias por venir todos. Tengo que decirles algo muy importante, este mundo está amenazado por un gran enemigo. Una flota de Legiones traidoras se dirige en este momento hacia aquí.
Un silencio sepulcral hizo en la sala.
-          Esto no es un simulacro, una flota de por lo menos siete naves de combate se dirige hacia aquí. Es una fuerza de ataque mixta compuesta por naves del Caos de la Legión Negra, Hijos del Emperador, Devoradores de Mundos, Guardias de la Muerte, Portadores de Palabra, Guerreros de Hierro y  Mil Hijos. No se descarta que también aparezcan los Amos de la Noche y la Legión Alpha. Quiero que se pongan en marcha todos los protocolos de defensa y evacuación inmediatamente. Tenemos de dieciséis a setenta y dos horas para su llegada. Ya saben lo que tienen que hacer todos.
Todos asintieron y empezaron a salir por la puerta, en la habitación solo quedaron Vipus y la inquisidora además de Loken.
-          Nero quiero que dispongas la décima para defensa inmediata. Organiza a las escuadras para los relevos.
-          Entendido- dijo Nero acercándose a él- ella quiere hablar contigo, prepárate, amigo mío.
-          No te preocupes.
Vipus salió por la puerta, sonriendo. Loken se acomodó en un escalón en el suelo.
-          Bien inquisidora.
-          Ante todo, comandante, quiero decirle mi malestar por desaparecer durante una temporada sin tener la cortesía de decir donde estaba.
-          Perdone usted, pero tenía que hacer algo urgente y no podía revelarle nada de mi plan. Si se siente ofendida le ruego que me perdone.
-          También quiero que me explique que es lo que pasa exactamente.
-          Tenemos poco tiempo y se lo intentare resumir en pocas palabras. Una flota del Caos se acerca a este sistema.
-          ¿ Si nadie en la Galaxia conoce esto? No lo comprendo.
-          Ha llegado el momento de las explicaciones. Por lo que deduzco ha estado interrogando a todos.
-          Exactamente eso. Como inquisidora necesito saber lo que ocurre en todo momento. Tengo el permiso de la Inquisición para ejercer mi poder.
-          Lamento decirle esto, pero ni yo ni mis hombres reconocemos la autoridad de la Inquisición en este planeta. Usted está aquí porque yo lo permito. Ya le dije cuando llego que aquí las reglas son distintas.
-          Comandante, usted no es quien para…
-          Le guste o no es así. Usted obedecerá órdenes como cualquiera que está a mi mando. Ahora le explicare. Mi ausencia estuvo debida a una misión secreta, ya la verdad no tan secreta. Fui a la base de la Legión Negra para provocarlos.
-          Usted los ha guiado hasta aquí, ¿pero para qué?
-          Es la prueba final. Necesito saber si mis hombres están listos para el combate, para lo que se acerca.
-          No lo comprendo.
-          Abaddon y otros villanos se acercan hacia aquí. Todos los que usted puede imaginar vendrán aquí. Mis hombres saldrán de aquí victoriosos o muertos.
-          Usted está loco, Loken. Su necesidad de venganza es tan grande que expone a estos chicos…
-          Nos los expongo. Ellos saben lo que espero de ellos. No son niños, son astartes. Y ellos saben exactamente eso. Si, reconozco que puede sonar demencial, pero me infiltre en la nave insignia de Abaddon y le deje una especie de nota, un reto, un duelo entre él y yo. Si Ezekyle actúa como yo creo aparecerá con todas las fuerzas que tenga disponibles en este momento, además bastante cabreado por interrumpirle en un momento muy delicado.
-          Usted busca venganza y nos expone a una lucha abierta a muerte.
-          Sí, pero es una prueba. Y mis hombres responderán a ella como espero. Se avecinan tiempos revueltos, todo va a cambiar a partir de ahora, inquisidora. La venida del Emperador está cerca y necesito a mis hombres preparados.
-          ¿Qué?
-          El Emperador renacerá al final del milenio, y sus Legiones deben de estar preparadas para defenderlo. Suena a locura, lo sé pero es verdad. Dentro de unos años, no se cuentos exactamente, él volverá a dirigir a sus Legiones Astartes. Usted no lo vera a lo mejor, pero yo y mis hombres debemos de estar preparados.
-          No lo entiendo Loken.
-          Hay señales. Todos saben que está pasando en el Trono. Los adeptos de Terra no pueden repararlo. La carcasa del Emperador desaparecerá y se rencarnara en un ser vivo. Lo que no sabemos es cuándo ocurrirá. Mi Legión estará preparada para el combate. Nos vamos a enfrentar al mayor enemigo de la Galaxia y me gustaría que usted estuviera a mi lado.
-          Puede contar conmigo. Pero no sé qué lograremos con eso.
-          Solo espero una cosa de usted, que comprenda lo que va a suceder.
-          Es su venganza, no.
-          Si, Abaddon es mío. Esto está más allá de su comprensión. Ezekyle y yo tenemos que acabar lo que se empezó hace diez mil años aquí, en este planeta. Sabrá que aquí murieron los Hijos de Horus y renacieron los Lobos Lunares.
-          Sí, estoy informada de ello.
-          Bien, espero que comprenda lo que paso. Murieron demasiados amigos míos aquí.
-          Lástima que Horus no esté vivo.
-         Horus está vivo en Abaddon, inquisidora. Es el descendiente directo de Horus. Es el único que sobrevivió, el único verdadero Hijo de Horus. Aximand, Sejanus, todos murieron y Abaddon es el único que queda. Él es de su estirpe, su hijo y heredero. E intenta hacer lo mismo que Horus, dejar que la Galaxia arda.
-         ¿Cómo lo ha localizado?
-         Un amigo me dio pistas sobre su paradero. La verdad es que Abaddon no ha sido muy cuidadoso. Vera inquisidora, se intercepto una comunicación en el subsistema Aurelia que ha sido la clave para encontrarlo. Como sabe allí está pasando algo muy gordo.
La inquisidora asintió.
-          Usted misma dijo que una amiga suya estaba allí para impedir un Exterminatus sobre el subsistema. Ella no es sola quien está allí. Los Cuervos están también, para justar cuentas con un traidor. La Legión Negra también ha mandado sus efectivos para impedir que un nuevo príncipe demonio se alce.
-          ¿Cómo sucede eso?
-          Podría socavar la autoridad de Abaddon en el resto de las Legiones Traidoras. A Abaddon no le gusta ser un segundón. Él debe demostrar que está al mando. Por eso se dirige hacia aquí. Su curiosidad es quien lo guía. Desea saber quién tan atrevido para retarle.
-          Sospechara de usted Garviel.
-          No creo. Recuerde estoy muerto hace diez mil años. Para él morí en este planeta. Creerá que es Iacton quien lo reta. Y esperara que el aparezca.
-          Y en su lugar aparecerá usted. Cree que le impactara.
-          Seguro que se sentirá impactado, aunque no lo reconozca. Además le tengo preparada una sorpresa.
-          ¿Una sorpresa?
-          Si algo para descentrarlo. Estamos preparando unos discursos que memorice de Horus. Tenemos un software de simulación de voz que hará que pierda los nervios él y sus hombres.
-          Para desmoralizarlos.
-          Algo así. Es una táctica que se usó con nosotros en las cabezas Susurrantes en  63-19. Allí nos bombardearon con mensajes acerca de Samus. Pensamos usar la misma táctica aquí.
-          Bien, ahora le comprendo un poco mejor, comandante.
-          Creo que todos estaremos en las próximas horas muy atareados. Pero antes de dejarla quiero que venga conmigo un momento, debo de enseñarle algo.
La inquisidora no dijo nada y le siguió hasta una sala contigua. Era una sala pequeña, tal vez usada como salita de estar. En ella había armas y todo estaba presidido por una  armadura dorada..
-          Vea esto inquisidora.
La inquisidora se acercó y admiro armadura. Era de una armadura antigua, muy antigua, tal vez de la época de la Herejía. No pertenecía aun  astartes, estaba segura, tal vez a alguna mujer, una guerrera.
-          ¿Qué sabe usted de las Hermanas del Silencio?
-          Fueron las cazadoras de brujas en la época de la Herejía, ¿no?
-          Exacto, también fueron las que, junto con los Custodes defendieron al Emperador. Esta es la armadura de Amendera Kendrel, la líder de las Hermanas.
-          Es preciosa.
-          Si, la verdad es que sí. Es una armadura reliquia. Estuvo con ella en muchas batallas hasta el final.
-          ¿Qué le paso a ella?
-          No lo sé. Tal vez Nathaniel lo sepa, él fue quien me la dio hace un montón de tiempo. Y creo que usted debe de hacer uso de ella.
-          ¿Hacer uso de ella?, comandante es demasiado valiosa para…
-          Acéptela a modo de disculpa por cómo se le ha tratado durante esta semana. Además le va a hacer falta algo más de lo que lleva puesto actualmente. Su armadura no está mal, pero esto es mejor. También quiero darle esto- dijo sacando una cosa de uancaja cercana-. Esta joya es especial, tiene poderes  de vacío de disformidad. No sé qué es lo que es, pero si van a venir los Mil Hijos con Abaddon creo que será útil para mantenerlos a raya.
-          Bien acepto. Pero usted no tiene psíquicos.
-          Sí, no quiero psíquicos aquí. El único que puede ser algo parecido es Ferrus, el sargento de la escuadra Locasta. Pero eso es otra historia.
-          El capitán Tarik me ha comentado algo acerca de él hace un rato.
-          Kernya usa el poder psíquico para convertirlo en tipos de energía. No es natural, es provocado por los implantes que lleva. Sabe lo suyo.
-          Si, resulto herido.
-          Estaba clínicamente muerto, pero Dremis y Arteus lo salvaron. Le pusieron prótesis, pero aun así no reaccionaba. Arteus ideo un sistema psíquico para reanimarlo. Y funciono, porque se recuperó al mejor sargento de  los Lobos. Como me dijo Nero, solo él podía liderar a la Locasta como él mismo la dirigió. Bien inquisidora debo de retirarme, tengo mucho trabajo. Yo usted descansaría, en las próximas horas la vamos a necesitar.
Loken salió de la habitación y ella le siguió. Se dirigiría a su habitación, tal vez lograra dormir un poco.

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