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domingo, 1 de julio de 2012

CAPITULO XIII: LA BATALLA (I PARTE)



Hace ya cincuenta años de esto, pero lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer. Estábamos  todos dentro del Templo. Allí había unos mil doscientos legionarios, de diferentes compañías, pero todos eran Lobos, Lobos Lunares.
Recuerdo como nos hablo Garviel Loken, comandante de los Lobos Lunares y como nos preparo para la tormenta que se avecinaba.
¿Quién era yo?, un simple cronista, uno más que cuenta esta historia. Yo como otros muchos, crecí en ese planeta. Me encontraron siendo un niño, un niño solo y desvalido, me cuidaron, me alimentaron y me enseñaron a ser una persona, una buena persona.
Vi sus rostros, llenos de preocupación, pero también de determinación. Nadie podía pararlos ya, nadie. Ni Abaddon, ni Typhus, ni siquiera el mismo Khârn, no les temían a nadie. Muchos de los allí presentes murieron ese día, ese fatídico día. Se lo jugaban todo a una carta, era vencer o morir. Era como una prueba, una prueba para que solo estuvieran los mejores, los que después darían a los Lobos Lunares su nombre en las estrellas.
Recuerdo a los Capitanes, a los diez, a Andalecius,  Tarik, Andrax, Thalsan, Casius, Fabricio, Marius, Piet, Arnaldo y sobre todo a Nero, Nero Vipus. Este fue quien más me sorprendió, ya que en su cara se reflejaba una infinita tristeza. Sabía lo que iba a pasar ese día.
Estaban todos allí, junto con Loken y fue este quien les hablo. Aún recuerdo sus palabras:
      - “Lobos Lunares, ha llegado el día. El día en el cual sabremos lo que somos, si verdaderos legionarios o caeremos en el olvido. Muchos nos han tildado de traidores, pero hoy va a terminar todo eso. Hoy les demostraremos a todo el Universo de que somos merecedores de llamarnos Hermanos de Batalla, que somos capaces de enfrentarnos con el mayor enemigo que ha existido jamás. Somos pocos, pero tenemos una cosa, la capacidad y el coraje para desafiar todo lo que se nos presente. Durante años os habéis entrenado y estáis preparados para este reto. Ya me demostrasteis que no le teméis a nada ni a nadie, pero hoy va a ser distinto.
 Delante de nosotros vamos a tener a los más grandes villanos de la Galaxia. Ellos se han ganado sus sobrenombres después de siglos de villanías y crueldades, son psicóticos y algunos inmortales. Pero vamos a derrotarlos, no os quepa duda. Sera aquí, en Isstvan III, donde se perpetro la traición más grande que pueda cometer nadie. Aquí fueron traicionados y asesinados legionarios como vosotros, precisamente por aquellos en ellos que más confiaban, sus amigos, sus hermanos. Aquí se enfrentaron astarte contra astarte, como antes nunca lo habían hecho. Fuimos vendidos, y después abandonados a nuestra suerte. Todo en lo que creíamos desapareció, pero aquí también renacimos. Dejamos de ser los Hijos de Horus para convertirnos de nuevo en Lobos Lunares. Aquí lo decidimos, borramos nuestras insignias y garabateamos este símbolo, el lobo con la luna, Nuestro símbolo. Nos trataron de traidores en ambos bandos. Para unos éramos igual que Horus, para otros simplemente una hoja que cortar. Pero lo que no sabía unos y otros era que sobreviviríamos y nos enfrentaríamos, a unos y a otros. No teníamos Legión, fuimos la Legión de Uno, pero ahora somos la Única Legión.
Hoy se decide nuestra historia, seguir o morir. Por los Muertos, por los Vivos”

Todos repetimos sus últimas palabras. Eran el dogma de la Legión en lo que creíamos. Era joven y aquella fue mi primera batalla, yo solo era un cronista y me embarque en una aventura, una desgraciada pero maravillosa aventura. Allí vi a los más grandes Héroes del Universo, enfrentados  a los más grandes Villanos. Fue una oportunidad única y solamente puedo decir una cosa: Yo estuve allí.


Al terminar, todos abandonaron el Templo y solo se quedaron Loken y el Mournival. Los miro y hablo.
     -          Bien.
     -          ¿Ahora que?- dijo Vipus mirándolo fijamente.
     -          Todos estamos preparados- dijo Margol-, mis legionarios serán la punta de lanza.
     -          ¿Seguro?- dijo Nero mirándolo fijamente-, esto no te vayas a creer que va ser un paseo. Comparado con esto, nuestra misión en el mundo demonio fue una acampada.
     -          Entiendo que estéis un poco nerviosos- dijo Loken- yo lo estoy.
     -          Te voy a decir algo, Garvi, esto es de locos- le contesto Nero- te lo dije desde el principio esto es una locura.
     -          Nero estamos preparados- dijo Casius-, la moral es alta….
     -          Y mañana estaremos todos muertos, esa es la verdad- lo corto Vipus-. ¿Acaso soy yo el único que ves esto así? Garvi rechazaste la ayuda de Nathaniel y Saúl, lo sé.
     -          Esto no tiene que ver nada con ellos- dijo Loken.
     -          Todo tiene que ver con todos- le espetó Vipus.
Loken se sorprendió, nunca Nero se había enfrentado directamente a él delante de los chicos.
     -          Nero, mira yo...
     -          Garvi sé lo que pasa mejor que tú. Quieres hacer esto solo, enfrentarte a ellos. Pero recuerda una cosa, no fuiste tú el único que estuvo aquí. Saúl, el resto y yo resistimos sus ataques en la Basílica, vi a muchos hermanos de batalla morir aquel día. Cuando Saúl dio la orden de evacuar, tuvo que empujarme ya que yo quería seguir combatiendo. Garvi, tú no sabes lo que pasamos, no sabíamos nada de ti, ni de Tarik. Durante mucho tiempo pensamos que estabas muerto.
     -          Pero no lo estoy.
    -         Nero, Garvi, creo que soy el menos indicado para decir esto, pero todo eso paso ya- dijo Tarik muy serio- ahora debemos concentrarnos en lo que se nos viene encima. Tenemos que estar unidos contra esto. Mis Lobos están preparados, incluso Sven y sus hombres están deseando entrar en combate. Ya no podemos dar marcha atrás, ni lamentarnos, ni echarnos en cara nada los unos  a los otros. Ahora todos estamos metidos en esto
    -        Mi Compañía será la Punta de Lanza- dijo Margol- y estamos deseando enfrentarnos a esos traidores que se hacen llamar la Legión Negra. Les haremos pagar todo lo que hicieron a nuestros compañeros en este planeta. Nosotros somos la espada que los cortara por la mitad.
Nero miro al chico. Vestía una armadura de Campeón. Una antigua armadura, hecha por un tecno sacerdote de los Templarios Negros, como la que llevaba el campeón del Emperador. Fue un regalo del Mariscal Helbrecht, así como su espada que llevaba enfundada, una  Espada Negra, pero a la que habían convertido en espada de energía. Cuando estaba sin funcionar, era como si estuviera oxidada, con unas capas de color rojizo y anaranjado, pero una vez conectada era como si fuese una espada de fuego. El escudo que llevaba fue un regalo de los Ángeles Oscuros, un recuerdo de su deber y su credo. Andalecius era muy crédulo a la forma de ver de Nero y el chico había tomado decisiones sobre su compañía que no le gustaban mucho. La primera fue la de prescindir de escuadras de exterminadores, cuando casi todas las compañías tenían por lo menos una y después lo de los hábitos negros. Túnicas negras sobre armadura negra. Cuando le pregunto, le dijo que era por la vergüenza de que Abaddon hubiese sido el Capitán de la Primera. Nero le contesto que eso no estaba bien,  que no debía de pensar en Abaddon ni en la Legión Negra, que ese no era el espejo en el que se debían mirar. El chico le contesto que debían de mirarlo para no convertirse precisamente en ello.
A Nero había muchas cosas de todo que no le gustaban, pero muchas veces se debía de callar. Pero ahora no era el momento de hacerlo, tenía que ser la voz discordante del Mournival.
    -         Lo primero que tenéis que pensar- dijo Nero- que el enemigo que nos vamos a enfrentar no es solo Abaddon y su maldita Legión Negra. Con el vienen otros tan desquiciados y peligrosos como el, o más.
    -         Eso es cierto- dijo Loken mirándolo-, tienes toda la razón, no solo nos vamos a enfrentar a un maniaco, si no a toda un pandilla de seres retorcidos. Abaddon tal vez sea el más normal de ellos. Typhus, el Heraldo de Nurgle, es pestilente y sus marines de plaga son un enemigo a tener muy en cuenta, Khârn, con sus bersekers es un loco homicida que solo disfruta destrozando y descuartizando  sus victimas, Lucius…
    -         Ese asqueroso traidor- dijo Nero- que nos vendió al cobarde de  Eidolon y sus Hijos del Emperador. Por culpa de él mataron incluso a heridos…
    -         Lucius es muy peligroso, ya que no puede morir. Si alguno de vosotros le vence en combate y le mata, con el tiempo se convertirá en él. Renacera, más demente y peligroso. Arhiman, exiliado entre sus mismos hermanos, por no olvidar a Erebus y Khor Phaeron, lideres de los Portadores. Y también esta Bilis.
    -         Bilis es uno de los peores- dijo Nero-. Es un apotecario que se cree un dios. Realizando experimentos aberrantes.
    -         Vosotros no los conocéis, pero nosotros si. Luchamos con ellos y contra ellos. Los Devoradores eran como una maquina de picar carne, matan a todo lo que se pone delante de ellos sin importarle nada- siguió Loken-. No nos enfrentamos contra enemigos normales, tened eso en cuenta. Son los mejores, los más depravados de todos. Ellos son el verdadero Enemigo.
Todos se miraron en silencio, Nero fue el primero en hablar.
    -         Antes de decir nada pensad en lo que os hemos contado y reflexionad. En esto hay mucho en juego. Y mis quejas no son infundadas. Tanto él como yo los conocemos muy bien, no solo por su fama como otros, una vez fueron nuestros hermanos y ahora son nuestros enemigos. Al fin al cabo todo se trata simplemente eso. Una lucha entre hermanos.
    -         Ellos tomaron su decisión hace mucho tiempo. Nosotros debemos demostrarles que podemos pararlos, esto no es un juego, ni un entrenamiento. Muchos van a morir en estas horas, tal vez algunos de los que estamos aquí. Por eso os he preparado durante tanto tiempo. Sé que estáis preparados para liderar a la élite del Emperador. Volveremos a ser los que éramos, gracias a vosotros. Sois el futuro, nosotros somos el pasado.
Todos se miraron en silencio. Loken se dio media vuelta y salió de la habitación, seguido por los chicos. Solo Nero se quedo allí, pensando que tal vez no los volvería a ver nunca más…

La Legion of One era un hervidero. Ferrus, junto con sus hombres estaban preparándose para cuando entraran en batalla. Ferrus preparaba su bolter, muy parecido al de Nero, y que se lo había fabricado Arteus. La verdad es que Arteus les había fabricado muchas cosas. Desde armas, pasando por armaduras e incluso les había adaptado material inservible. El generador dorsal de Ferrus era una prueba de ello. Era una miniaturización de un reactor de una armadura de exterminador, adaptado para que Ferrus pudiera llevarlo. Con él, Ferrus no solo era un legionario, era un Dios de la Guerra. Las heridas sufridas por Kernya  fueron graves, pero entre Dremis y Arteus le restauraron su red neuronal. Era mitad humano, mitad maquina, aunque  siempre intentaron que fuera como era él. Y lo habían logrado, gracias a algoritmos de programación de muy alto nivel. Lo malo era el consumo de energía. Kernya se pasaba casi todo el día conectado a una maquina impresionante, de la cual sacaba su energía. Eso fue hasta que Arteus realizo el primer prototipo de mochila de combate para él. Fue simplemente un dorsal de exterminador, pero con los años, entre el y Arteus fueron disminuyendo su tamaño hasta el actual. Era pequeño y proporcionaba a Ferrus energía para sus implantes cognitivos y lo más importante, su brazo biónico. Este lo había convertido en un puño de energía potentísimo. Podía usar distintos tipos de energía, rayos de energía, fuego, o cualquier cosa solo con pensarlo. También lo dotaba de una velocidad impresionante, incluso superior a la que tenía antes. Pero no solo Arteus había hecho esto, también había creado armaduras de exterminadores tomando retales encontrados en el planeta y partes encontradas en las bases secretas. Había logrado realizar unas armaduras bastante impresionantes, parecidas a las que usaban los Caballeros Grises, pero con hombreras pre herejía. Además había adaptado algunas armas poco usuales para los marines, muchos de los exterminadores llevaban lanzas de energía en vez de los martillos trueno, e incluso algunos llevaban espadas con células de energía, junto con escudos. También había armaduras normales, que después les habían proporcionado el Mecanicus. Pero las fabricadas por Arteus estaban todas en la Decima, la compañía de Vipus, donde había dos escuadras, una asalto, con lanzas, martillos  y espadas  y otra de cobertura con armamento pesado, como bolters pesados, lanzallamas y cañones de asalto. También había modificado armas para la Cuarta, donde había convertido rifles de plasma, lanzallamas y rifles de fusión para que pudieran ser disparados cómodamente desde las motos. Tenían la forma de pistolas, pero eran armas mucho más potentes que ellas. También había adaptado cortadores láser para que actuaran como rifles laser, que podían llevar cualquier escuadra. Y muchas cosas más, equipo bastante especializado y que solo los Lobos poseían.

La escuadra estaba atareada preparando sus armas, en aquel momento, además de Ferrus estaba formada por cinco miembros más. Eran veteranos, que habían luchado en bastantes misiones. La mayoría de los integrantes de la Decima eran veteranos, así que no era difícil ver que llevaran simbología especial. La Decima era una compañía de elite, incluso por encima de la Primera. Siempre había sido la favorita de Loken, más que nada por que él todavía la veía como su compañía.
Momentos antes había llegado Radiax con su Escuadra de Mando. Con el venían Wulfen, vestido con su armadura de Campeón y con su casco siempre puesto. Era un casco especial y solo había una persona que poseía uno igual en los Lobos, ese era Tarik, capitán de la Segunda. El de Tarik era blanco como la nieve, pero el de Wulfen era plateado, con detalles en dorado, además de su cinto le colgaban dos armas, una espada de energía y un hacha. La espada fue un regalo de Tarik, la había forjado cuando estuvo con los Lobos Espaciales, incluso tenia runas de fortaleza inscritas en su hoja. El hacha la había hecho el, siguiendo las indicaciones de Arteus, quien se la había convertido. No llevaba ninguna pistola, ya que su labor era la de combatir cuerpo a cuerpo, donde Wulfen era todo un experto, el enemigo que tratara de matarlo con armas a distancia lo tenia difícil ya que Wulfen era rápido, muy rápido, letalmente rápido. Su misión en combate solo era una, buscar a los campeones o elegidos de sus enemigos y enfrentarse a ellos en combate singular. Y había que decir que había salido victorioso de ellos, por lo que Wulfen era muy admirado por el resto.
Dremis también estaba allí, portaba un bolter y en su mano izquierda todo lo que necesitaba, su nartheciun y el reductor. Llegado el momento, podían ser una buena arma para luchar cuerpo a cuerpo, pero pocas veces se había visto obligado a ello. Llevaba su mochila de apotecario, con todos sus frascos y viales.
Dos Lobos más formaban el grupo. Uno era el abanderado, quien llevaba la bandera de la XVI Legión. Esta era una reliquia rescatada por Loken en uno de los refugios y era anterior al cambio de nombre por los Hijos de Horus. El otro veterano llevaba un rifle de fusión reliquia, sacado de uno de los depósitos.
 Y Radiax. Llevaba una armadura hecha con varias piezas, sacadas de diversos tipos de armaduras. El peto era claramente de una Cruzada, aunque sus hombreras  y coberturas de brazos pertenecían a una más actual, tal vez una Corvus o una Aquila e incluso a una Errante. Sus piernas estaban protegidas por una mezcla de piezas, la base era una Aquila, pero la había retocado para adaptarla al peto de la Cruzada. Llevaba también una espada al cinto y un escudo en su mano derecha con un bolter acoplado. Aquello era un regalo de agradecimiento de Wulfen, quien le había dado su escudo de Campeón cuando durante una misión le salvo la vida.
Todos estaban allí, en la cubierta de lanzamiento, esperando que llegara una persona que les acompañaría durante el descenso, Loken.



Nero observaba el despliegue de las fuerzas. Loken había partido en una lanzadera Aquila hacia la Legion of One, desde donde seria lanzado al campo de batalla junto con la Locasta y el escuadrón de Mando. Aquello le parecía una locura, pero sabía que no podría quitárselo  de la cabeza a Garviel.
Nero había cambiado un poco la disposición táctica respecto  a la original. Había retraso al Fellblade y había cambiado su acompañamiento. Los Land Raider Terminus habían  sido sustituidos por un Land Raider Redentor y un Cruzado, que se encargarían de protegerlo. Los Terminus tenían otra misión, la de proteger el flanco de Casius, con la Quinta, junto con una batería de Predators y Vindicators. Junto con él se habían desplegado varios Predators y Whirlwinds.  El Fellblade acompañaría a la Tercera quienes formarían una línea defensiva fuerte con sus escudos, protegiendo a los devastadores.
La Sexta seria lanzada en Thunderhawks encima del enemigo, con lo cual causarían mucha confusión, cosa que aprovecharía la  Cuarta para causar el mayor numero de bajas posibles con sus escuadras de motos y Land Speeders.
La Primera y la Segunda serian las más expuestas, ya que encabezarían el ataque. La Primera atacaría directamente por el flanco derecho mientras que la Segunda lo haría por el izquierdo.
El centro seria dominado por la Tercera y el Fellblade donde abría una tierra de nadie, una zona donde las compañías podrían retirarse en caso de problemas, aunque seguramente esta posición seria tomada inicialmente por la Cuarta. Sejanus esta vez se había unido a la Tercera ya que la Cuarta avanzaría demasiado rápido para el, pero en cualquier momento se podría incorporar a la refriega gracias a la Cerberus que estaba en espera, lista para recibir cualquier orden.
También estaban las Fuerzas Expedicionarias. Ellos se encargarían de  la última línea de defensa, la puerta del complejo y también estaría en el Bastón levantado por la Tercera. Esa seria la segunda compañía quien lo llevaría a cabo. La primera compañía había sido destinada a llevar a cabo una misión de vigilancia. Observaría la retaguardia del enemigo y llegado el caso atacarían. Llevaban sistemas de ocultación e infiltración así como armas pesadas. Y también les acompañaba Sven con sus chicos, la Manada de Lobos. Estos eran fenrisianos que habían ingresado hacia años en los Lobos Lunares. Eran huérfanos recogidos por Sven poco después de conocer a Tarik. Sabia que los chicos no sobrevivirían a las pruebas de los Lobos Espaciales, y Tarik le había demostrado que los Lobos Lunares eran tan capaces y honorables como los Espaciales. Así que les dijo que sería un honor para los Lobos Espaciales que ellos formaran parte de los Lunares. Sven llego con ellos a Isstvan y se encargó personalmente de su entrenamiento.

Nero se volvió, y noto una presencia que lo saco de sus pensamientos.
   -         ¿Quien eres tú?- dijo Nero.
Ante él estaba un muchacho joven, vestido con una túnica propia de un rememorador. Seguro que era uno de los estudiantes.
   -         ¿Usted es el capitán Vipus?
Nero asintió.
   -         El Comandante me dijo que me podría quedar con usted.
Nero lo miro con indecisión. Desde luego Garviel estaba loco al meter a un civil en la refriega que se iba a armar.
   -         ¿El Comandante te ha dado permiso?- inquirió Nero.
   -         Si, capitán, el mismo en persona. Quería que alguien narrase de forma objetiva lo que va a suceder hoy. Y yo fui el elegido. No me atrae mucho la idea, pero es mi deber con la Legión.
Aquello sorprendió mucho a Nero. Que un legionario dijese esas palabras lo comprendía, ya que formaba parte de su entrenamiento y adoctrinamiento, pero un civil. Desde luego en la Academia estaban haciendo bien las cosas.
   -         Bien, pero te advierto una cosa. Si las cosas se ponen feas, que se van a poner, corre a ponerte a salvo. No podremos protegerte durante la batalla.
   -         Lo se capitán, pero no se preocupe. Tengo entrenamiento militar, estuve hace tiempo en las Fuerzas Expedicionarias, en la segunda compañía. Se manejar una pistola laser y defenderme.
Iluso, pensó Nero. Lo miro de arriba a abajo. Era un hombre menudo, de estatura mediana. Nunca podría  haber sido un legionario, pero aun así tenia el coraje y entrenamiento de la segunda compañía. Seria una hormiga entre gigantes, pensó Nero.
   -         Bien, ya sabes las reglas. Nos vamos a enfrentar contra un enemigo muy, pero que muy peligroso. Creo que este no es sitio para ti, deberías de estar en el Bastión, con la Segunda Compañía, ese es mi consejo. Si te quedas aquí con nosotros es por tu cuenta y riesgo, ¿lo comprendes?
   -         Si, lo comprendo- dijo el chico.
   -         Bien. Esta bien.
Nero se dio media vuelta y observo el campo de batalla. Todo estaba preparado, listo, solo faltaba los invitados. Y estos no tardarían en llegar.

Abaddon miro el planeta. Algo le recorrió su cuerpo. Estaba ya vestido con su armadura de exterminador. Recordó la última vez que estuvo allí, hacia cuantos ¿diez mil años? no lo sabía a ciencia cierta. El planeta estaba igual que antes de partir a la Gran Cruzada contra el Falso Emperador. Entonces los dirigía Horus, el Señor de la Guerra. Miro su mano, mejor dicho su Garra. Era su Garra, la Garra de Horus, su legado. Y con el aplastaría ese planeta y toda la Galaxia.

Unas cincuenta naves formaban la flota. Durante su travesía por la Disformidad, una veintena de naves más se les habían unido. Había de todas la bandas menores del Caos. Abaddon miro con aprobación, fuera quien fuera quien estuviera allí. Sufriría su ira con todas las consecuencias. Los Hechiceros del Caos  ya habían empezado con los rituales para invocar demonios, los demonios serian su mayor baza frente a su enemigo. No sabía lo que había allí, pero esperaba un ejército preparado y listo para combatirlos. Hablo, dijo una sola palabra.
   -         Adelante, que arda de nuevo Isstvan III.

Comenzó el ataque. De las gigantescas naves salieron diminutos puntos, eran cañoneras que transportaban tropas, equipo y hasta vehículos. También lanzaron capsulas de desembarco, las llamadas Garras de la Muerte.
Pero algo distrajo a Abaddon. Y eso le hizo temer. Y el no temía a nada.
Le llegaron noticias, desde las naves de desembarco de palabras musitadas en las comunicaciones. Él también las oyó. Aquello le hizo estremecer, no de miedo sino de ira. Era la voz de Horus, eran las palabras de Horus.


Tarik, en su puesto de combate vio las primeras naves aterrizar y también las primeras Garras aterrizar contra el suelo. Extendieron sus patas mecánicas y comenzaron a bajar.
Oyó un estruendo detrás de él, era la señal. El Fellblade disparo su cañón principal contra una de las capsulas caóticas y, literalmente, la destripo. La Garra voló por los aires con todos sus ocupantes, y donde antes estaba solo quedo un cráter rodeado de una mezcla de trozos metálicos y restos de legionarios caóticos.

Todos sabían lo que significaba el disparo. Rápidamente la barrera artillera de los Lobos Lunares comenzó a bombardear a los traidores. Los Predators disparaban sus cañones, los Whirlwinds sus misiles, los Vindicators sus cañones.
Todos tomaron sus posiciones de batalla. Los devastadores tomaron posición y aseguraron sus armas y comenzaron a disparar contra el enemigo.

El ataque fue devastador, ya que cogió a la primera oleada de tropas enemigas totalmente desprevenidas. Pero mientras esto sucedía, nuevas tropas desembarcaron, entre ellas los Guerreros de Hierro, que comenzaron a montar sus monstruosos cañones de asedio. Eso era un problema, ya que estas armas de asedio podían destrozar la línea defensiva de los Lobos.
Nero se dio cuenta de ello y rápidamente dio la orden.
Un grupo de Thunderhawks partió de inmediato, su misión destruir, o en todo caso debilitar la artillería enemiga.
La escuadra de Thunderhawks en poco tiempo tuvo en rango de visión su objetivo, y mientras se acercaban dejaban caer algo más que bombas, las escuadras de asalto de la Sexta Compañía.

“Yo estaba allí cuando los vi caer. El Capitán Stern lo llamaba el “Descenso de los Ángeles”, como lo calificaban los Ángeles Sangrientos. Y la verdad es que eso parecía, el descenso de unos ángeles, pero Ángeles de Muerte y Destrucción. Vi como los portones de las naves se abrían y escupían las escuadras de asalto directamente sobre el enemigo. Debajo de ellos, una mezcla de Portadores de Palabra y de Hijos del Emperador los esperaba. El aterrizaje fue devastador. Los Portadores eran tropa desprotegida, la mayoría cultistas y la caída de la Sexta fue como el chocar de un meteorito contra el planeta. Los cuerpos, literalmente salían volando, destrozados, mientras las escuadras de Lobos caían sobre ellos. Había algunas escuadras de otras compañías, sobre todo las dos de la Decima y de alguna otra más. Los Hijos del Emperador, sorprendidos, también fueron arrastrados por la marea. La retirada de las tropas fue masiva, ya que los Portadores huían despavoridos por la ferocidad del ataque de los legionarios de asalto.”

Abaddon acababa de aterrizar con su Thunderhawk, e iba a acompañado de su Guardia de Honor, vio como los cultistas de los Portadores se retiraban ante el arrollador ataque de los Lobos. En su fuero interno estaba orgulloso, pues vio allí que el espíritu de la Legión continuaba vivo, aunque demasiado vivo para su gusto.
Ahora sabía a que se iba a enfrentar. Pensó que se iba a enfrentar, en un principio contra una pandilla de  marines espaciales, pero lo que estaba viendo allí era algo que no esperaba. Era el espíritu de la Legión, por lo que los Lobos Lunares fueron conocidos y temidos por  toda la Galaxia.
Vio como pasaron por encima de su posición las Thunderhawks de los Lobos y arrojaron su mortífera carga de misiles sobre las posiciones defensivas de los Guerreros  de Hierro.
Abaddon miro a su lugarteniente. No hizo falta que le dijera nada, entendía perfectamente lo que quería.
La posición fue tomada por la Legión Negra. Las escuadras de Exterminadores del Caos, apoyadas por Aniquiladores tomaron posiciones alrededor de la Thunderhawk de su comandante, mientras Legionarios salían de las naves. Miles de Legionarios.

El bombardeo de la posición artillera fue devastador. La mayor parte de las edificaciones fueron destruidas por los misiles, aun así, muchas se salvaron del asalto, pero estas fueron las que estaban más alejadas. El ataque de las naves había sorprendido a los caóticos, que no habían preparado defensas antiaéreas, ya que suponían que no poseerían una fuerza aérea considerable. Los subestimaron y pagaron las consecuencias.

Vipus desde su posición vio el campo de batalla. El despliegue era completo de sus fuerzas. Consulto en la pantalla de su casco las estadísticas y observo las columnas de humo que indicaban el resultado del ataque aéreo. También observo como las tropas enemigas se retiraban ante el ataque de la Sexta. Pero sabía que aquella victoria era pequeña, ya que esta no había hecho nada más que empezar. Solo había señales de cuatro legiones en el planeta, La Legión Negra, Hijos del Emperador, Guerreros de Hierro y Portadores de la Palabra. Conocía que faltaban las más importantes y peligrosas, los Guardianes de la Muerte de Typhus, los Devoradores de Mundos de Khârn y sobre todo los Mil Hijos de Arhiman. Estos, a su modo de ver podrían ser los más peligrosos. El uso de su poder de la disformidad podría traer legiones de Demonios allí o algo peor.


Loken miro a su alrededor. La capsula era pequeña, ya que solo cabían doce  legionarios, además de sus pertrechos. Su mente vago hasta aquel, día, el fatídico día del desembarco allí mismo, en ese planeta.  Aquel día fue el de la traición. Desecho aquella idea de su cabeza, había pasado ya mucho tiempo. Ahora no estaban allí ni Vipus ni sus legionarios de la Locasta. Estos habían sido remplazados por aquello que le acompañaban ahora. La nueva Locasta, al mando de Ferrus, era igual o mejor que la de Vipus, además Kernya era discípulo de Nero, pensó. También estaba con el escuadrón de mando, incluidos Wulfen, Dremis y Radiax.
Y entonces noto que los disparaban. Para ellos era la primera vez, pero para él no. Noto el tirón, el tirón que salía de sus entrañas con el disparo de la capsula. Este desaparecía al instante, pero el instante era eterno. Ahora sabia donde estaba la capsula, en la orbita baja del planeta. Sentía el calor de la re entrada, y que echaba de menos. No era mucho, dado que llevaban las armaduras, pero aquello podría matar a un humano normal, pero no a un legionario astarte. De pronto se preparo, su mente estaba muy entrenada para el impacto. Serian unos segundos, en los cuales la capsula se abriría como una flor, de cuyos pétalos saldrían los mortales Ángeles.  Y ese fue el momento tan esperado, el impacto contra el suelo, el ligero aturdimiento, y después el sonido del bolter acoplado de la capsula. Ya estaban en tierra.

Nero desde su posición vio como caía la capsula. En ella iban Loken y los otros. El deseaba estar allí, con ellos, como hacia muchos, pero que muchos años. Vio el impacto de la capsula, como al caer en el planeta hizo un cráter. Pero no solo hizo el cráter. La zona donde cayo era uno de los puntos de ataque de los Portadores, habían caído justo en las líneas enemigas. Estaban rodeados de hordas de cultistas, mandados por Paladines y de Legionarios de aquella infame Legión. Vio como los cuerpos, despedazados, de los cultistas salían despedidos en todas direcciones. Vio como se abrió la capsula y como el bolter acoplado instalado en ella dispara ráfagas contra todo lo que tomara por hostil. En su casco midió el tiempo de reacción, eso era importante, como le había instruido a Kernya, el tiempo de reacción de la escuadra después del impacto. Diez segundos después del impacto y la apertura, Kernya y la Locasta habían asegurado el perímetro. Vio, aliviado como estos tomaban control de la situación.

    -          Perimetro de control asegurado- dijo Ferrus con voz metálica a traves de su comunicador.
Loken lo escucho cuando, todavía un poco atontado por el impacto, estaba ayudando a montar la zona de defensa con la escuadra de mando.
    -          Comprendido- le contesto-. Prepara la defensa del perímetro. Ferrus, Radiax  conmigo.
Los dos se reunieron con él.
    -          Avanzaremos en punta de lanza- dijo Loken- tu Radiax a mi derecha y Ferrus a mi izquierda. Armas de fusión y lanzallamas en primera línea. Armas pesadas en cobertura.
Los dos asintieron. Había llegado el momento de enfrentarse al enemigo.

“Vi como avanzaban. El capitán Vipus me lo indico, me dijo que el comandante y sus hombres avanzarían sobre las líneas enemigas. Su misión era la de enfrentarse con Abaddon el Saqueador. Los vi, vi como avanzaban como una lanza que se clavaba en el corazón del enemigo. El comandante iba al frente, a su derecha iba el Comandante de Fuerza y a su izquierda Ferrus. Al lado de este iban dos legionarios, dos veteranos de la escuadra Locasta armados uno con una especie de lanzallamas y el otro con un arma de fusión y con ellos iba el apotecario. Con Radiax iba Wulfen, a su lado, con sus dos armas de cuerpo a cuerpo listo a despedazar a cualquier enemigo que cayera en sus manos y también dos veteranos con dos armas de fusión. Y en el centro iba el Abanderado, flanqueado por dos legionarios, uno armado con un bolter pesado y otro con un bolter de asalto.
Para mí, un simple mortal aquello fue un espectáculo que no olvidare jamás. Vi como avanzaban, matando sin piedad a cualquier enemigo. Avanzaban lentamente, pero con una elegancia que no he vuelto a ver nunca en un campo de batalla. Y la verdad es que desde entonces he estado en unos cuantos.
Hacían su trabajo concienzudamente, sin dejar atrás ningún enemigo vivo. Nunca he visto a ningún Capitulo actuar así, con tal eficacia, tal vez solo a los Lobos de Fenris, solo a ellos. Pero al contrario que los fenrisianos, que basaban su ataque en una salvaje eficacia, los Lobos de Loken, avanzaban con eficacia elegante. Sus muertes eran las precisas, no brutales, no se ensañaban con el enemigo, solo actuaban con los ataques precisos para matar al enemigo. Quizás Wulfen era quien más salvajemente atacaba, pero era eficiente y muy rápido manejando sus armas. Ferrus derribaba a sus enemigos casi sin veros, solo veía una estela y como los enemigos caían al suelo destrozados. El comandante disparaba lo preciso, solo para acabar con los enemigos.”

Loken vio como habían avanzado. Observo el reguero de cadáveres enemigos que tenían a sus espaldas. Casi todos eran Portadores de la Palabra, mucho de ellos cultistas y algunos legionarios. Y delante ellos estaban más, aunque ya se empezaban a ver efectivos de la Legión Negra. Eso era lo que él quería, que los vieran bien, que significaran un peligro para ellos. Solo de esa forma Abaddon se enfrentaría a ellos.
-  Abanderado alza bien nuestra enseña- dijo Loken por el comunicador-, que la vean bien que sepan que los que están haciendo esto son Lobos Lunares.
-  Comprendido mi comandante- le contesto una voz metálica. Todas las voces sonaban metálicas por los comunicadores.

Abaddon, desde su privilegiada posición, estaba observando como el resto de las Legiones Traidoras aterrizaban. Los Mil Hijos de Arhiman, con sus armaduras azules estaban descendiendo, seguido por una cohorte de Hechiceros. Sabía que iban a hacer uno de sus rituales, para traer al campo de batalla a sus aliados de la Disformidad. Una vez que ellos estuvieran allí las cosas cambiarían. También los Devoradores, acompañados por unos orkos rabioso de sangre, estaban allí, al mando de Khârn, así como sus tropas.
Y entonces lo vio. Vio como un pequeño grupo de marines avanzaba imparable. Destrozaban a todos sus enemigos, a todos los que se les enfrentaban, ya fueran cultistas o legionarios. Habían destrozado su flanco y estaban enfrentándose a sus hijos, los hijos de la Legión Negra. Pero lo que más le llamo la atención fue el estandarte que portaba el cual reconoció al momento. Era la antigua enseña de batalla de la Decima Compañía.
Aquello le hizo enfurecer. Aquella bandera era la antigua de los Lobos Lunares, la misma enseña que lucho junto a él en Ullanor y en miles de batallas. La reconoció al instante, no cabía duda. La habían retocado, ya que le faltaba la parte superior donde estaba el Ojo de Horus. En su lugar estaba  una palabra, Leales.
Abaddon sonrió, sabia que aquello era una afrenta. Observo mas detenidamente el grupo y le llamo la atención su formación, ya que era la típica punta de lanza que multitud de veces había usado su Legión, la Legión de Horus en miles de batallas. Pero lo que mas le atrajo la vista era quien estaba en la primera fila de la punta. Era un marine con una armadura Maximus, color verde marino, el color de los Hijos de Horus. Observo que en una de sus hombreras llevaba pintado un lobo con la luna, el símbolo de los Lobos Lunares. Aquello hizo sacar su rabia.
Ya se estaban acercando a las filas de la Legión Negra. Las bajas que habían causado al flanco que custodiaban los Portadores eran considerables. Frente a ellos, donde estaba su objetivo solo quedaba la Legión Negra. Sabia que debía atraer su atención, si no la había atraído ya. Loken alzo el puño, orden inequívoca de parar. La punta de lanza afianzo su posición. Aquello era un desafío a la Legión Negra. Les estaban diciendo “aquí estamos, venid si os atrevéis”. Loken lo sabia y lo sabían todos los que estaban allí con el. El abanderado afianzo el estandarte en el suelo y cargo su bolter, que tenia la cabeza de un lobo. El veterano que llevaba el bolter pesado reliquia, sacado de uno de los depósitos encontrados. Muchas de las armas que llevaban eran reliquias, tanto la Locasta como la escuadra de mando.
Loken observo movimiento en las filas de los legionarios enemigos.
    -          Estad preparados- dijo por el comunicador.
Todos observaron la marea negra que se les aproximaba. No eran cultistas, eran legionarios, vestidos con armaduras de un color negro brillante y con detalles en color cobre mal envejecido. Llevaban cascos adornados con cuernos, con cráneos, tal vez trofeos de los enemigos a los que habían matado. También llevaban estandartes con cabezas y cascos de diferentes razas. Los exterminadores ocupaban la primera fila iban armados con armas pesadas. Si disparaban, el plan se podía venir abajo. Pero si conocía a Abaddon como lo conocía, el mismo les atacaría, eso podía asegurarlo. Todos los Lobos Lunares se prepararon para responder cualquier ataque.
Abaddon vio la formación del enemigo. Estaban, plantándole cara, desafiándolo. Lo fácil era mandar a sus guerreros más implacables, sus exterminadores para acabar con ellos, pero le intrigaba quien seria el que llevaba la armadura Maximus. Se abrió paso entre sus hombres y avanzo. Nadie podía detener las zancadas de Abaddon y si alguno de sus hombres no se apartaba inmediatamente, recibía un puñetazo o  un empujón, que lo apartaba. Pronto avanzo entre la maraña que formaban los legionarios y se encontró frente a frente al grupo de marines.
Los observo detenidamente, ya que sabía que así  podría ver sus debilidades. El grupo era compacto, formado por doce marines. Tres de ellos, incluido el de la armadura verde, denotaban cierto aire de superioridad, sin duda eran los oficiales. Los otros dos, el que llevaba la armadura Cruzada, era sin duda un oficial secundario, tal vez el sargento de la escuadra de mando, por los detalles de las hombreras. El otro, mitad humano mitad maquina, seguro que era un sargento de una unidad de elite, aunque en él no había nada que denotara rango, solo salvo su arma modificada, ya que poco marines llevaban armas de ese tipo. Vio también al resto, incluidos el apotecario, sin duda era la escuadra de mando y una escuadra de elite. Y podría jurar, por ciertos detalles leves, que esta era la nueva Locasta. Algo en su interior se lo decía.
Pero ahora su atención se fijo en el marine de la armadura Maximus. Su figura le era conocida, familiar. La armadura era antigua, tanto como la suya y había sido reparada en bastantes ocasiones. Miro sus hombreras y vio la tachonada típica de la Legión. Estaba decorada en dorado, lo que le indicaba que ese personaje era un oficial de alto rango, quizás el de más alto rango de todos. La otra hombrera era una sencilla hombrera Maximus, y en ella llevaba pintado el lobo con la luna, pero se notaba que debajo había habido otro dibujo que había sido borrado y apostaba que sabia que era el Ojo de Horus, todavía su contorno era apenas visible. También leyó en ella  un XVI en románico. Sabía lo que significaba aquello. El mismo lo había llevado en su armadura hasta que lo borro.
    -          Tú debes de ser mi anfitrión- dijo con voz pausada, pero cargada de ira y rabia.
La figura asintió.
    -          Bien, parece que no eres muy parlanchín. Tú debiste ser quien entro en el Espíritu Vengativo y dejo la hombrera. Y solo se me ocurren dos personas que pudieron hacer eso. Una de ellas es un viejo estúpido, que no tiene los cojones suficientes para hacerlo. El otro, que puedes ser tú- al decir esto se movió y se acercó dando un giro a la figura con la Maximus-, solo puede ser un loco, un loco que podría haber sobrevivido a nuestro ataque. Era un sargento de mierda, de una compañía de mierda, que mandaba la peor escuadra de la Legión, no Nero Vipus. ¡Quiero ver tu rostro, traidor! – dijo escupiendo saliva con cada palabra.

Por respuesta solo escucho el siseo del aire estancado salir del casco. Aquello indicaba que había abierto el sello que separaba la armadura del casco.
Loken se llevo las manos a la cabeza teatralmente, quería que aquello tuviera el mayor impacto posible en Abaddon, que lo pillara con la guardia bajada. Lo vio a través de sus visores riendo triunfante. Así era como lo quería,  confiado de su grandeza, para que después cayera hasta el fondo.
Lentamente se saco el casco, quería disfrutar cada segundo, ver la cara de Abaddon cuando se diera cuenta quien era, quería sentir su miedo, su ansiedad, algo de lo que nadie en el Universo podía disfrutar.

Abaddon vio como se quitaba el casco. Un cabello claro, quizás rubio le cubría la cara. Era largo, pero no como antes. Un escalofrió recorrió  su cuerpo, temblando, aquello no podía ser, era un sueño, un maldito sueño.

Loken se quito el cabello mojado por el sudor de su rostro. Abaddon lo miro, con los ojos desorbitados. Vio como alzaba su mano temblorosa y decía algo ininteligible.
    -          Estas muerto, estas muerto - dijo Abaddon entre dientes.
    -          Hola Ezekyle, viejo amigo- le contesto Loken con una sonrisa en su rostro.
Abaddon lo miro, estaba como ido, como en otro tiempo, en otra era.
    -          No, no estoy muerto Ezekyle, estoy vivo- dijo Loken-. Por cierto, Nero también esta por hay, cuando le cuente lo que has dicho no le va a sentar muy ¿sabes?
Ahora fue Loken quien ando alrededor de él.
    -          Ahora no estas tan hablador como antes ¿no? ¿Traidores sin cojones, Ezekyle?, eso es lo que crees. Yo creo otra cosa.
Loken se puso el casco en su cadera y continúo hablando. Sabía que el silencio de Abaddon era buena señal.
    -          Aquí el único traidor que hay eres tú, el gran Abaddon el Saqueador, temido en toda la Galaxia solo con pronunciar su nombre.
    -          Maldito… seas, perro traidor. Traicionaste a Horus, traicionaste a tú Legión por seguir al Emperador Cadáver, abandonaste a tus compañeros por adorar a ese putrefacto cadáver.
    -          Eso termino hace mucho tiempo, la traición, vuestra traición fue saldada. La muerte de Horus la saldo. No estoy hablando de antes, hablo de ahora. Si eres un traidor, un maldito traidor. No por traicionar al Emperador, eso ya no cuenta, si no por traicionar algo más importante, la Lealtad a tus amigos. Si traicionaste y mataste a tus amigos, a tus Hermanos de Batalla, a Hermanos de tú misma Legión aquí, en este maldito planeta. Aquí murieron los Hijos de Horus, los mataste tú y los demás, y aquí renacieron los Lobos Lunares, no estos, si no otros, los traicionados. Nero, Iacton, Tarik y yo mismo. Solo sobrevivimos diez, diez Ezekyle, diez de aquellos a los que conocías. Tú elegiste tu bando y nosotros el nuestro.
    -          Debí de haberte matado en la Basílica. El inútil de Aximand me lo impidió, debí de haber vuelto y matarte con mis propias manos- al decir esto cerro la Garra de Horus- y no dejar que te reventase el ataque orbital.
    -          Estaba esperándote Ezekyle, te esperaba, con esto- dijo Loken empuñando su espada sierra-. Te iba atravesar con ella, no lo dudes. Esto es entre tú y yo, solo entre los dos.
    -          ¿Osas retarme?- le contesto Abaddon, quien poco a poco iba recuperando su entereza y también su rabia interna. Loken contaba con ello, que explotara.
    -          Si, ¿Quién crees que eres?, solo eres una copia barata de Horus, Ezekyle. No puedes compararte a él.
    -          ¿Eso es lo que piensas de mi?, esta “copia barata” como tú dices ha puesto en jaque a la Galaxia y la ha puesto de rodillas frente a él, Garviel. Tengo más poder, mucho más poder que Horus. Soy el Señor de la Guerra.
    -          Eso es lo que tú crees ¿no? Todos se mueren de miedo al decir tu nombre. Pues aquí habremos unos cuantos que no te tenemos miedo. Ni a ti ni a tus “abominaciones”  que llamas amigos. Lo Lobos Lunares no les temen a nadie, ni a ti ni a nadie. Nosotros somos el miedo.
Loken dijo aquello mirando directamente a los ojos de Abaddon, sin parpadear. Con aquello le demostraba que no le temía, que se enfrentaba abiertamente a él y a todos.
    -          Estás más loco de lo que creía- dijo Abaddon- Esa es la verdad. Tú solo con ¿dos mil marines? contra nosotros, siete Legiones.
    -          Cada uno de mis hombres vale por veinte de los tuyos. En cierto modo vosotros los creasteis. Cada uno de estos astartes fue un niño, al cual le arrebatasteis su vida, su familia. Son huérfanos, no tienen nada que perder. Y solo les mueve una cosa, la venganza. Vengar a sus seres queridos, muertos por gente como tú, Ezekyle.

Los dos se miraron. Loken observo a Abaddon. Apenas reconocía a su antiguo amigo, era un extraño para él. Mejor, se dijo, así será más fácil lo que tengo que hacer.

Fue como la calma que precede a la tormenta. Ambos estaban quietos, mirándose observándose, calibrando los puntos fuertes y débiles de cada uno. Y entonces sucedió.
Abaddon fue quien ataco primero. Fue un movimiento rápido, pero no lo suficiente, por que Loken lo esquivo. Después ataco él, usando el arco que le permitía su espada sierra, la cual impacto en la armadura de exterminador de Abaddon, haciendo saltar la pintura negra.
Abaddon, al verse tocado por la espada, contratacó con su espada demonio, pero Loken,  viendo el movimiento lo esquivo de nuevo.
Abaddon grito con rabia. Sus dos ataques habían sido esquivados por Loken y encima su único ataque había impactado en su armadura. Aquello lo volvía furioso.

Ahora fue Loken quien atacó. Disparo su bolter, pero Abaddon se protegió con la Garra, desviando los impactos del arma. Abaddon le respondió con una taque de su bolter acoplado, pero Garviel, demostrando gran agilidad esquivo los disparos rodando y cambiando de posición.
Ambos se miraron, Loken sopeso su espada sierra y Abadon hizo lo mismo con su espada Demonio. Los dos corrieron y empezó un combate solo con espadas. La sierra de Loken chirriaba al chocar con la espada de Abaddon, quien paraba los golpes de su contricante. De pronto Loken, en una finta, rebaso la guardia  de Abaddon y rasgo todo el pectoral de la armadura de exterminador.
    -          Ahora estamos en paz- dijo Loken señalando su servo armadura.
Abaddon se fijo bien y vio el destrozo que causo en la armadura de Garviel diez mil años antes, cuando los dos se enfrentaron en la Basílica. Sonrió.
    -          Si Garviel estamos en paz.
Y al decir esto ataco de nuevo, pero no con la espada si no con la Garra. Loken salto hacia atrás, esquivando el ataque. Sabia, que estaba enfureciendo a su rival, pero era la única forma de luchar con él. Sabia por experiencia que como lo golpeara se acabaría la cosa.
Abaddon grito enfurecido. Loken lo estaba esquivando y atacaba cuando veía el momento débil. Se preparo, iba a acabar con él.
Loken vio la posición que estaba tomando Ezekyle, y sabía lo que iba a hacer, lanzarse encima de él y arrollarlo con el peso y la potencia de la armadura. Y también conocía que se lo llevaría por delante. Se preparo para recibir el golpe, pero agarro la espada sierra con las dos manos. Si quería eso, eso tendría.
Los dos emprendieron la marcha, una carrera loca que acabaría seguro con Loken despedido en dirección contraria y con Abaddon con una herida de la espada sierra. Loken observo como Abaddon atacaba con la Garra por delante, pero preparando la espada para rematarlo. Que así fuera.

La carrera de ambos se hizo interminable, nadie luchaba alrededor de ellos, atentos al combate. Radiax empuñaba su espada con fuerza, mientras Dremis sopesaba las heridas que podría causarle Abaddon a Loken. Solo Ferrus sabía una cosa, Loken no se iba a dejar matar así como así. Estaba preparado para entrar en combate, acumulando energía en su brazo bionico. Una descarga de este dejaría a Abaddon atontado el tiempo justo para que Loken reaccionara y pudiera huir.
El instante se hizo eterno.  Los dos corrían y el golpe seria fatal seguro. Pero nada de eso ocurrió.
En el momento que el golpe fatal se iba  a desencadenar una figura oscura paro ambos golpes, la espada sierra de Loken con una Garra y la Garra de Abaddon con una maza.

    -          ¡Basta ya!, ¡Dejad de pelear, Hermanos!- dijo con voz grave la figura.

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