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jueves, 1 de noviembre de 2012

RELATO 40K: Más que honor, más que muerte

Hola a todos. Después de que lo pusiese en Wikihammer hace un par de semanas, voy a poner este relato en el blog. Antes de nada, dar las gracias por el quinto puesto, ya que ello me ha servido para tener más confianza en lo que estoy escribiendo. Es muy importante para mi ese oro, más de lo que suponéis algunos ya que me indica que todo el trabajo que estoy haciendo en este tiempo ha tenido sus frutos.
Sin más os dejo con el relato, que espero que os guste. Y nuevamente gracias.
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Este relato obtuvo el quinto puesto en el II Certamen de Relatos de Wikihammer 40000.
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Los soldados del 175º Regimiento de Cadia avanzaban. Serian cerca de un millar y avanzaban
en tropel, detrás de la artillería móvil. Esta estaba formada principalmente por cinco Leman
Russ, varios Manticora y un centenar de Chimera y medio centenar de Sentinels. Avanzaban en
línea recta hacia su enemigo.

Dormidos durante siglos en las arenas de un mundo perdido y muerto, los necrones esperaban
para despertar. Y al parecer había llegado el momento, ya que su mundo estaba siendo
invadido por aquellas criaturas. Humanos, la raza de más baja ralea de todas.

Los humanos avanzaban, sin saber lo que les esperaba. Sus órdenes eran claras, tomar
posiciones y esperar ordenes. Solo eso. Y eso es lo que la Guardia Imperial hacia, avanzar
conquistar, tomar y esperar ordenes. Todos sabían que su comandante, el gran y muchas veces
condecorado General haría precisamente eso. Y quien no lo obedeciera ya sabia lo que le
esperaba, la muerte en el pelotón de fusilamiento.
                                                                  *
Desde el espacio una pequeña nave los observaba. Su diseño era claramente alienígena. Era
una pequeña nave individual, una exploradora. En ella iba Tal-ris. Había sido un guerrero, uno
de los mejores guerreros de su Mundo Astronave. Hasta el momento que decidió ser un
Proscrito. Se apartó de todos, cogió sus armas y simplemente desapareció. Nadie sabría nada
más de él. Iba vestido con una túnica gris, que no denotaba la pertenencia a ningún Mundo
Astronave. Era un paria, sin hogar, sin destino.

Observo el indicador. Aquello se iba a poner feo para los mon-keigh, ya que los Necrontyr iban
a despertar. No sabia que lo había traído allí, pero allí estaba.

Contaba una leyenda, una leyenda antigua, que en ese mundo los Necrontyr tenían multitud
de gemas de vida eldars. Eran de los antiguos habitantes del planeta, los que los Necrontyr
embaucaron y engañaron. Eran los que intentaron detenerlos. Pero nadie los podía detener, ya
que su Líder Supremo tenia un artefacto que les robo su vida. Lo uso y millones de eldars
murieron aquel día, todos los habitantes del planeta. Y solo quedaron sus gemas de alma. Una
vez todos muertos, los ejércitos C-tan cogieron las gemas y las trasladaron al interior de su
monolito, donde estas lo alimentarían con su energía. Y entonces, los Necrontyr volvieron a las
arenas donde durmieron durante siglos.

Ahora los mon-keigh estaban allí. No sabia la causa, pero seguro que era por conquista. Tal vez
algunos minerales, ya que el planeta era rico en recursos minerales, era la razón por la que los
malditos mon-keigh estaban allí. Su razón era distinta, era la de liberar y dar paz a las
torturadas almas de los millones de eldars, su misión era destruir el Monolito del poder
Necrontyr.
                                                              *
El jefe de los arqueólogos se llamaba Harald Lessiter y era el que comandaba aquella compañía
del Regimiento. Sus órdenes eran concretas, dadas por el Alto Consejo de Terra. Necesitaban
recursos para la guerra y ellos eran los encargados de conseguirlos. Además de ellos, por el
resto de la Galaxia, miles de arqueólogos como él se dedicaban a eso. Atrás habían quedado
los tiempos en el cual tenían otros usos, cuando se dedicaban a descubrir civilizaciones
antiguas. Ahora solo habían quedado para eso, la Arqueología como tal había desaparecido,
nadie tenia interés por el pasado, solo había una forma de seguir adelante, la Geología, por lo
que había aceptado el trabajo. También por que aquel planeta tenía un secreto, que solo él lo
sabia. Cuando le dijeron su misión y que habían sido asignados allí, sus ojos brillaron. Fue de
casualidad, pero las informaciones geológicas lo llevaron a otras de otro estilo. Encontró un
manuscrito, escrito por un loco, seguro, que hablaba de una civilización de las arenas, una
civilización tecnológicamente avanzada. Y por eso se encontraba allí, no por los recursos, si no
por su afán de descubrir, de ser el primero en descubrir aquello.

Aquel había sido un mundo eldar, lo había adivinado cuando vio las ruinas de sus edificios y
también sabía lo que les paso a muchos eldars. Muchos murieron, pero otros cambiaron, se
convirtieron en crueles marionetas de los dioses del Caos. Decían que Slaanesh fue quien
corrompió a los eldars, pero él pensaba que lo que realmente les trajo el fin fue su arrogancia.
Al creerse los mejores de la Galaxia, habían caído en su propia trampa. Y su caída fue el
principio del ascenso del Imperio Humano. También sabía que los eldars dejaron planetas
como este y se embarcaron en lo que se conoce como Mundos Astronave, gigantescas naves
que albergan a los eldars supervivientes. Aún así pocos habían sobrevivido. Y ahora les tocaba
a ellos, al Imperio. Se mantenían gracias al Emperador, quien desde el Trono Dorado era el faro
de la Humanidad, pero ¿qué pasaría el día que ese faro desapareciera?

Nadie lo sabía, pero seguro que otra raza ocuparía su lugar, como ellos ocuparon el de los
eldars. Pero eso no les importaba a los burócratas, que lo único que querían era continuar la
Guerra. Y la Guerra llevaba en marcha desde hacia diez mil años. Era una Guerra sin fin, donde
nadie seria el vencedor. Y no solo luchaban contra los Traidores, si no también contra otras
razas incluidos los eldars. Todos contra todos en una guerra de desgaste y muerte.
Movió su cabeza, como intentando apartar esos pensamientos de su mente. Allí había algo que
esperaba ser descubierto y aquello le traería de nuevo fama y gloria. Y tal vez, aquello haría
que de nuevo fuera un arqueólogo.
                                                            *
Los escáneres de la nave estaban como locos. Aquello era una señal inequívoca de lo que
podría pasar. El contingente mon-keigh era bastante grande, aproximadamente unos mil
soldados. Aquello era poco, pensó. Los Necrontyr, cuando despertaran acabarían con aquellos
locos. Si hubieran estado con ellos los otros mon-keigh, los que llamaban Marines Espaciales,
hubieran tenido alguna oportunidad, pero no tenia indicios de ninguno de ellos.

Había combatido con ellos y eran un enemigo a temer. Además de duros eran valientes, muy
valientes y un par de cientos podrían acabar con muchos Necrontyr. Pero aquellos que estaban
allí no, eran simples humanos, la carne de cañón del Imperio de los mon-keigh. Pulso unos
interruptores y lanzo un mensaje. El Exodita lo vería. Pero también sabía que no tendría ayuda
ninguna. Su misión allí no era de rescate. Era algo de lo que los eldars no estaban orgullosos.
Su misión era de exterminación. El Exodita le dijo que las Joyas de Vida estaban corruptas, y
que esa corrupción era la que le daba la energía a los C-tan. Debía de destruir las Joyas, si las
destruía, destruía el poder de los Necrontyr.

No era una misión que le agradara ningún eldar, pero él era un Proscrito, y como tal no era
considerado un eldar. Era el único que podía hacerlo. Y aquello era lo que debía de hacer.
La pequeña nave exploradora apenas fue percibida por nadie. Era lógico, ya que poseía un
campo de sigilo, que la hacia invisible. No se podría ver, ni a simple vista. Estaba totalmente
camuflada. Su entrada en la atmosfera hizo solo que una capa rojiza la envolviera, pero se
podría confundir con la caída de cualquier meteorito. Era una cobertura perfecta, para la
misión que debía de realizar.

La reentrada duro poco tiempo, ya que era muy veloz y al poco tiempo pudo ver el planeta, en
lo que se había convertido.


Casi todos los restos de la altiva civilización que había habitado aquel planeta se había
convertido en arena. No quedaba nada, ni los inmensos arboles, ni los gigantescos lagos. Ni
tampoco las ciudades, convertidas en esqueletos. Todo aquello fue borrado por los Necrontyr,
dejando solo desierto, un planeta desértico. Pero debajo de aquel desierto, además de los Ctan,
también estaba la riqueza, en forma de minerales que era lo que buscaban los mon-keigh.
Pilotó hábilmente la nave, posándola suavemente en lo que siglos antes había sido una de las
plazas centrales de la ciudad. La nave, sin emitir ningún sonido aterrizo. Dentro de la cabina
cogió sus armas, una pistola shuriken y un rifle de tirador. Aquella era su mejor arma, ya que la
había adaptado a él. Era su arma. Pero también llevaba otra arma oculta. Esta había sido la que
lo había definido durante algunos siglos. Era una espada, que llevaba oculta en los pliegues de
la túnica. Aquella espada fue consagrada al Avatar de Khaine, pero después fue su deshonra.
Cuando decidió apartarse de la Senda del Guerrero, para recorrer la Senda del Vagabundo, no
podía tenerla. Aún así la guardo. Y ahora sabía que le serviría bien, como siglos atrás.
Normalmente los Vagabundos eran eldars jóvenes, que buscaban en esa Senda su lugar para
entrar en la sociedad eldar. Algunos la abandonaban un tiempo después, cuando el raciocinio
se apoderaba de nuevo de ellos, otro simplemente se internaban aún más en ella y
simplemente se dejaban caer hasta lo más hondo. Otros se convertían en exploradores, pero
tenían conexión con los Mundos Astronaves. Su caso era distinto. Él estaba ya de vuelta, se
sentía incompleto y buscaba algo, pero no sabia a ciencia cierta que era.

Siempre, desde pequeño había sido inquieto, por eso su elección fue la del Guerrero. Allí se
había convertido en un adalid de la causa. Siempre en primera línea, dirigiendo los ataques,
hasta que un día una sensación de vacío lo inundo. Aquel vacío fue el que le hizo apartarse de
la Senda y adentrarse en la que actualmente transitaba. Todo por un sueño, un maldito sueño.
Necesitaba encontrar respuestas, respuestas del porqué del sueño. Los Videntes le dijeron que
podrían ser dos cosas, que fuera el eco de un poder latente que tuviera o simplemente una
señal de que el Camino elegido no era el correcto. Y aquello le obsesiono. Se sentía como
tocado por el Caos, por la risa de Slaanesh, sentía su corrupción en él. Y por eso lo abandono
todo. Tal vez estaba empezando a cambiar.

El sueño era claro, estaba en una maraña de pasillos, perdido. Deambulaba por ellos buscando
algo, oía unas risas en ellos, unas risas que le volvían loco. Miraba a los lados y no había nadie,
estaba solo. Empuñaba sus armas, pero estas no le servían para nada, ya que no había a nadie
a quien matar. O eso creía él. Sabía que cada vez que apartaba su vista estaban allí,
esperándolo para atacarle por la espalda. Seguía avanzando por los pasillos, hasta que llegaba
a una sala, donde veía muchas Joyas que fulguraban. Ellas le hablaban, le contaban cosas,
vidas pasadas. De pronto su Joya de Vida se iluminaba también y se unía a cantar en coro con
las otras. Y él sentía como su vida se le escapaba, como su vida cambiaba y era sustituida por
un inmenso vacío. Y por un sentimiento de placer, pero era malvado, tenia algo malvado en su
interior. Y en ese momento se arrancaba la Joya y despertaba.

Aquel sueño lo atormentaba durante siglos. Y aquel sueño era quien le había hecho abandonar
su Camino y seguir aquel, que no le llevaba a ningún sitio. Debía encontrar respuestas, quería
encontrar respuestas sobre aquello.
                                                         *
Lessiter alzo la mano y el convoy se detuvieron. Observo a su espalda como los vehículos
detenían su marcha. Miro al cielo, al cielo amarillento de aquel planeta, claro reflejo del
desierto en el que se encontraban. Sabia que la flota estaba allí, en orbita. Era pequeña, pero
tenía un buen contingente de tropas, desde soldados de infantería a vehículos pesados,
pasando por Valquirias y Vendettas que entrarían en la atmosfera si las precisaban.
Observo sus mapas holográficos, aquella era la posición óptima para comenzar las
investigaciones. Bajo del vehículo y hablo con su ayudante. No era militar, pero mandaba
aquella compañía. Ninguno de los dos lo era.

El General estaba en la nave nodriza, no se había molestado en bajar a aquel desierto, había
mandado a uno de sus subordinados, el Comisario Derchart. Era un hombre huraño, siempre
con cara de enfado. Vestía un uniforme verde amarillento, adornado con unas filigranas
doradas. Aquello era lo que más imponía de aquel hombre, incluso más que sus armas. Llevaba
una pistola bolter en su cadera, siempre cargada y lista. Pero lo que de verdad le impresionaba
de aquel hombre era, sin duda, lo que llevaba en una de sus manos, una cuchilla relámpago,
que sin duda era lo que más miedo inspiraba a todos. No llevaba la típica gorra, si no un
turbante, al estilo tallariano, que lo hacia todavía más impresionante. Y uno de sus ojos, había
sido remplazado por un ojo bionico, que le confería una aspecto todavía más aterrador.
Él era civil, pero aún así, la presencia de aquel tipo le inquietaba. Su decreto inquisitorial le
confería un rango de mando, pero no se fiaba de tipos como aquel, ni del General.

Sus contactos con el Ordo Xenos le habían proporcionado aquel trabajo. No era la primera que
trabajaba para ellos, pero no de aquel modo. Era como si dijeran que era un Inquisidor, incluso
le habían proporcionado una escolta de soldados inquisitoriales. Él hubiera preferido a varios
Guardianes de la Muerte, pero aquello tampoco estaba mal. Aquello hombres le obedecían en
todo, como si fuera realmente un Inquisidor, de hecho cuando se presento ante el General,
este lo trato como un Inquisidor. Vio el miedo en los ojos de aquel hombre y eso le hizo sentir
especial. Pero el General, en contra de lo que había pensado, no bajo al planeta, se limito a
quedarse en su nave y observar acontecimientos. Y teniendo en cuenta la reputación que
tenia, aquello le inquietaba. Decían de él que no había perdido ningún combate en el que el
175 regimiento se había visto involucrado. Eso si, las bajas siempre eran numerosas, pero eso
parecía no inquietarle a nadie. Siempre había más soldados dispuestos a dar su vida por el
Emperador. Pero la forma de proceder del General, en vez de mandar a sus hombres había
sido permanecer en un segundo plano no le gustaba. Tal vez con los años se había ablandado,
no seria el primero ni el ultimo qué le pasara, tal vez su ego era de tal tamaño que no permitía
que un emisario de la Inquisición pasara por encima de su rango. Seguro que era eso.
Comenzaron los preparativos. Varios soldados ayudaron a bajar a los técnicos la maquinaria
para comenzar las prospecciones, mientras lo hacían, él daría una vuelta por las ruinas, tal vez
encontrara algo interesante.

Observaba con ojo científico todo lo que le rodeaba. Llevaba su maletín de objetos, en
bandolera. Aquellos útiles formaban parte de lo que hasta hacia poco era su trabajo, pero era
algo más, su verdadera pasión. Miraba cada pieza que encontraba con sumo cuidado, para
intentar no dañarla. Sin lugar a dudas se encontraban en un antiguo asentamiento eldar. Y por
los datos, parecía que tenia miles de años, bastantes más de lo que le había parecido al
principio. Se sorprendió por el deterioro extremo de todo. Aquello solo podría haber sido
producido por una explosión vírica, pero no había rastros de microrganismos, ni tampoco de
radiación, la otra causa posible de aquella destrucción. Observo algunos cuerpos, más restos
que otra cosa y comprendió una cosa, habían muerto por que les habían arrebatado la vida, no
por causas violentas. Aquello le lleno de dudas. Las posturas de los esqueletos, o de lo que
quedaba de ellos, eran extrañas. Por el tamaño supuso que eran eldars, seguro que lo era.
Pero morir de aquella forma debía de haber sido muy doloroso. Por su escáner detectaba algo
raro, una elevación de energía poco frecuente. Esa gente murió por que toda su energía vital
fue drenada.

De pronto se giro intranquilo. Miro en todas las direcciones, no veía nada pero sentía algo,
como una presencia.
                                                                *
Lo miro y vio como el mon-keigh estaba profanando los restos de los caídos en ese planeta. O
eso era lo que el creía que hacia. Vio como el humano, con un pequeño aparato que pasaba
por los restos, tomaba muestras. Lo estuvo observando. Aquel era distinto al resto, distinto a
los que había conocido hasta ahora.

Los mon-keig que conocía solo los había visto en un sitio, en el campo de batalla. Y por eso le
extraño aquel. No era un guerrero, eso saltaba a primera vista, era más un sabio que otra cosa.
Desconocía que los mon-keigh tuvieran tal cosa, siempre había pensado en ellos como
barbaros embutidos en armaduras que arrasaban todo a su paso. Tal vez eso le parecía a
primera vista, pero ahora comprendía que no todos eran iguales. Igual que en su pueblo,
también había diferentes castas, en los mon-keigh pasaba igual. Hasta ese momento no lo
había comprendido. Sin duda él pertenecía a alguna casta de sabios. Lo observo y vio como le
atraía la atención unas ruinas de un edificio. El mon-keigh no sabia lo que era, pero él si. Era
como una especie de Templo Eldar, más que un templo era un aviso, un aviso sobre lo que
había en aquel planeta y como custodiarlo. Si el mon-keigh era lo suficientemente inteligente
comprendería aquello cuando lo viera.
                                                                       *
El edificio atrajo su atención. No sabía por que, pero lo hizo. Estaba en ruinas, pero algunas
paredes se conservaban en pie aún. Saco un terminal hololitico, aquello se usaba para recoger
imágenes, pero aquel tenia algunas utilidades más ya que, gracias a un programa interno
diseñado por el, podría reconstruir cualquier objeto, desde una pequeña vasija a un edifico.
Aquel era su verdadero trabajo y necesitaba las mejores herramientas.

Lo puso en el suelo y unos rayos escanearon la zona, buscando objetos. Solo fueron unos
segundos se acercó al terminal y vio la información que había recogido. Era poca, pero
suficiente. Pulso reconstruir. Poco a poco en unos minutos que se le hicieron interminables el
terminal reconstruyo el edificio original. La verdad, es que era muy bello, como todas las cosas
que hacían los eldars. Era perfectamente bello, y aquello le hizo sonreír. Hacia mucho tiempo
que no sonreía de aquella forma.

El terminal termino su trabajo y le mostro todo el edificio. Decido ver su interior, a ver que
había hecho el terminal. Y lo que vio le dejo todavía más asombrado que el exterior. Era
bellísimo, con unas estatuas de gigantes que lo circundaban. Según la reconstrucción, el
edificio era bastante grande, ocupaba por lo menos 100 de ancho por unos 200 de largo.
Además por lo menos tenia de 10 a 15 metros de alto. El techo estaba coronado por una
cúpula abierta al cielo. Miro las esculturas, las estatuas, que representaban a guerreros,
videntes y sabios. Era raro ver todo eso en un edificio. Seguramente seria un Templo, dedicado
a alguno de los dioses eldar. Él estaba poco informado de esa cultura, ya que se relacionaban
poco con las otras razas, más bien las esquivaban. Eran altaneros y egoístas y eso es lo que
había provocado, entre otras cosas su declive. Y lo que veía mostraba algo que pocos habían
visto, la un ejemplo de la cultura eldar, miro las paredes y vio unos glifos. No los comprendía,
pero el terminal incluía un traductor que comenzó a trabajar nada más él se lo pidió, tardo un
poco, pero lo que leyó lo dejo un poco asqueado.

Somos los Guardianes de la Verdad, os necesitamos a todos para combatir contra el Gran
Enemigo que duerme bajo tierra. El Conocimiento, la Fuerza y el Immateriun los detendrán,
pero el día que despierten, la tierra temblara y esa será la señal. Solo con una Fe
extraordinaria, una gran Fuerza y un vasto Poder podemos detener a aquellos que nunca
murieron.”

Lessiter observo aquellas palabras. Era una traducción literal, pero aun así podía matizar
algunas cosas en el contexto. Aquello no era un Templo, el edificio, era más bien una
indicación. Tal vez fuera un lugar de vigilancia, un lugar desde donde vigilar, ¿pero que?,
aquella era la pregunta. Lo que le extrañaba era las tres palabras. El Guerrero era la Fuerza, de
eso estaba seguro, el Vidente era la conexión con el Immaterium, el nombre que le daban a la
Disformidad los eldars, Y el Sabio era el Conocimiento. No tenia dudas sobre eso. Desconocía
eso si quienes serian Durmientes bajo tierra. Tal vez se referían a alguna antigua civilización,
tal vez aquello fuera la entrada a un cementerio o algo parecido. No lo tenía claro, estaba
confuso.

En ese momento volvió a sentir una extraña sensación. Lo estaban observando, eso era seguro,
¿pero quien?

No tenía respuestas, solo preguntas y sabía que cada vez que indagara más, más preguntas
tenia. Estaba acostumbrado a ello y en cierta forma le gustaba. Miro a su alrededor, estaba
solo, solo en aquellas ruinas. Y estaba seguro que algo se le pasaba por alto. Se acercó al
terminal y pulso en proyección holográfica.

Ahora se encontraba dentro del edificio, mejor dicho dentro de su representación. Vio la
majestuosidad de la construcción de las figuras que lo rodeaban. Había muchas, muchísimas
figuras. Cada una era diferente, pero todas representaban los tres caracteres antes
mencionados. Pero la que más atrajo su atención era la central. Sabia lo que era, la había visto
en cuadernos, en Bibliotecas pero nunca así. Era una representación de Khaine, el Dios de la
Mano Ensangrentada. Pero por los matices, vio que no era solo una representación. Aquello
era el Avatar de Khaine, listo para ser usado. Junto a él, a modo de Guardia de Honor estaban
los Guardianes Espectrales. Los eldars los usaban solo cuando el peligro era grande, así que si
aquello estaba allí, ¿Qué custodiaban?

Continúo mirando las paredes, buscando algo. Representaban a guerreros eldars, de diferentes
castas, todos listos para el combate, pero ¿contra quien?

Aquello le escamaba, muchísimo. El bajorrelieve representaba una batalla eso era seguro y
contra más lo veía más seguro estaba. Continuaba avanzando, viendo las escuadras de
guerreros, vehículos. Y aquello se le antojaba parecido. Le era conocido, aunque no sabía por
qué. Y entonces lo vio.

Estaba allí, delante de él. Aquella Pirámide, por que eso era lo que parecía, una gigantesca
pirámide, armada con muchísimas armas. En su cima había un destello de luz, la cual mataba a
las primeras líneas de combatientes, convirtiéndolos en polvo. Detrás de la pirámide vio
tropas, armadas con armas de rayos que disparaban y detrás de todos ellos, había un
personaje que en su mano tenia un orbe, un orbe que le concedía el poder.

Ya sabía que era aquello. Necrones.

Rápidamente pulso su comunicador, tenia que hablar con sus ayudantes. Ahora comprendía
todo. Si lanzaban las cargas sísmicas, seguro que se activarían los protocolos de reanimación
de los necrones. Su comunicador estaba en rojo, aquello significaba que no tenía conexión. O
bien estaba muy lejos, o algo lo impedía. Y apostaba que era eso ultimo, algún sistema
inhibidor de comunicaciones en la zona. Tenia que volver a la columna.
                                                                   *
Tal-ris vio como el mon-keigh recogía sus cosas y salía corriendo. Comprendió que había
descifrado lo que se ocultaba, la verdad. Lo había visto entre las paredes holográficas,
intentando encontrar el significado de todo lo que veía. Ese mon-keigh seguro que era un
sabio. Y ahora iría a visar al resto. Si eran sabios como el otro se irían del planeta, si no,
tendrían graves problemas.

No le importaban los problemas de los mon-keigh, solo si interferían su misión. Seria difícil
entrar, pero aún más que no lo detectaran. Aunque llevaba la capa de camuflaje, sabia que si
cometia un error no podría terminar su misión y entonces todo estaría perdido, tanto él como
los mon-keigh. Se puso también en marcha, por que allí se iba armar una de las buenas.
                                                                   *
Lessiter corria e intentaba comunicarse con su ayudante. Y entonces lo sintió, era la primera
carga sísmica, que ya había detonado.

- ¡Maldita sea!- se dijo entre dientes. Tenia que correr más llegar allí y pararlo todo,
aunque ya pudiera ser que llegara tarde. Estaba cansado, ya que no era muy amigo de
hacer ejercicio físico y empezaba a notar los primeros síntomas de fatiga física.
Uno de los vigías vio a Lessiter corriendo. Y pensó que aquello no le gustaba nada. Empuño su
rifle laser y se acercó corriendo al hombre.
- ¿Qué sucede,Inq…?- el soldado no pudo terminar la pregunta ya que fue empujado
con fuerza por Lessiter. No lo hizo por nada, solo le impedía pasar.
Lessiter continúo corriendo. Vio a su ayudante como preparaba la segunda carga y como justo
cuando iba a pulsar el botón grito.
- ¡NO!
El ayudante lo miro perplejo.
- ¡NO PULSES ESE BOTON!- dijo casi sin aliento, gritando como un loco. Y era como para
no estarlo.
Dechart vio lo que pasaba y se acercó. Aquel Inquisidor de pacotilla estaba interfiriendo en su
misión y él lo detendría.
- ¡QUE COJONES PASA AQUÍ!- dijo el comisario- Usted continúe con lo que esta
haciendo. ¿Qué le pasa Inquisidor?
Lessiter, casi vomitando y con un dolor de estomago tremendo, provocado por la carrera que
había hecho estaba inclinado, pero aun así solo una palabra pudo vocalizar.
- ¡NECRONES!
El ayudante pulso el botón y la segunda carga sísmica fue liberada. Estaba muy contento ya
que escáner de las explosiones revelaba que aquel planeta era muy rico y valioso en minerales
que necesitaba el Imperio para la guerra. Se acercó a Lessiter con los gráficos.
- Mire usted profesor- dijo el hombre- este planeta es muy rico en gran variedad de
minerales.
- Alfred, este planeta será nuestra tumba si no salimos de inmediato de aquí- le
contesto Lessiter.
Dechart lo miro perplejo.
- No es usted quien lo decide, Inquisidor.- le contesto el comisario- Voy a informar al
General el decidirá lo que hacer, pero le prevengo antes, el 175º Regimiento nunca se
retira.
- Si no se retira todos estamos ya muertos.- le contesto Lessiter- bajo estas arenas hay
necrones, cientos, tal vez miles o cientos de miles. ¿Usted esta capacitado para
enfrentarse a ellos?
- El Martillo del Emperador se enfrenta a cualquier enemigo, Inquisidor. Donde sea,
cuando sea y siempre sale victorioso.
Lessiter lo miro. No sabía si aquel hombre era un estúpido, o estaba muy convencido de la
valía de sus hombres.
- Contacte con el General, comisario y pida evacuación inmediata.

Dechart estuvo un rato hablando con el General. Su expresión primero fue de impaciencia,
pero después, esta cambio a alegría inmensa. Dijo unas palabras y se despidió. Miro a
Lessiter y después a sus soldados.
- Fortifiquen el perímetro defensivo, preparémonos para el ataque. El General nos va a
mandar refuerzos para vencer a esos malditos- fue lo que dijo.
Lessiter escucho un grito de júbilo salir de las gargantas de los soldados. Vio como el
capitán de las tropas inquisitoriales se acercó a él.
- Mi señor, creo que las cosas se van a poner feas aquí.
- Lo se capitán, pero no podemos irnos de aquí. Eso es lo que espera el comisario.
El capitán asintió, no quería que el comisario tomara el mando de la expedición.
- Así que nos quedamos capitán, prepare a sus hombres para el combate.
                                                                *
Pronto en la atmosfera hubo una marabunta de naves adentrándose en el planeta. Había
de todas las formas y tamaños. De la gigantesca Barcaza de Combate salían naves
incesantemente. Era el refuerzo de los que ya estaban en el planeta, preparándose para el
combate. Naves de la Armada Imperial se preparaban para llevar a tierra tanto vehículos
como material. Bunkers, tanques de todos los tamaños iban a ser desplegados en el
planeta para defenderse de los necrones. La formidable maquinaria de guerra del Imperio
se había puesto en marcha, para enfrentarse a un enemigo tecnológicamente superior
como eran los necrones.

Cuando los visioingenieros desembarcaron en el planeta lo primero que hicieron fue
reforzar el perímetro defensivo, que constaba de Guardias armados con armas pesadas.
Ahora, lanzados desde la atmosfera baja del planeta, aterrizaban gigantescos cajones, en
cuyo interior venían las piezas para formar edificos. Naves gigantescas del Mecanicus, las
llamadas barcazas de desembarco, aterrizaban, abrían sus portones y vehículos pesados
descendían de ellas, incluidos los superpesados Baneblades, Shadowstorms y Stormlords.
El Imperio se preparaba para la guerra.


Mientras, en lo más profundo del planeta y ajenos a toda la marabunta que se sucedía en
el exterior, decenas, miles de docenas de necrones despertaban de su sueño eterno.
Los primeros en despertar fueron minúsculos escarabajos canópticos, quienes
comenzaron a conectar los flujos de energía. Después, los Guerreros necrones fueron los
siguientes quienes se preparaban para el combate.
Su líder, también despertó. Y después de él, haciendo acopio de una gran cantidad de
energía, que extendió por las inmensas cuevas del planeta despertando a todo constructo
necrón.
                                                                   *
El eldar vio salir a los primeros escarabajos. Ya sabia donde estaba situado el monolito ya
que los escarabajos indicaban el lugar. Los vio como empezaban a desenterrar la inmensa
mole oculta bajo la arena. Había miles, que trabajaban para sacar el Monolito a la
superficie. Sabía que, detrás de ellos vendrían las Arañas Canópticas, quienes se
encargarían de recoger piezas para construir in situ tropas. Y también sabía que, una vez
gran parte del monolito estuviera al descubierto, comenzarían a salir tropas.

Afortunadamente no podría ser detectado, gracias al camuflaje óptico que llevaba. Aún
así, debería de tener cuidado. Si cualquier necrón intuía que estaba allí, su misión correría
peligro y debería de abortarla o morir en el intento. Y el, en su fuero interno deseaba lo
segundo. Intentaría por todas las formas destruir aquella monstruosidad, aunque diera su
vida en ello.

Mientras, los escarabajos y arañas continuaban su trabajo y ya una gran parte del monolito
estaba en la superficie. Era de color azabache, como la noche sin luna. No tenia ningún
color más, solo parecía una sombra en la luz del sol.

Y entonces, vio como los portones de la estructura, ya desenterrados, se abrieron.
Falanges de color azabache metalizado salían de ellos. Guerreros armados con rifles gauss,
listos para el combate. Y con ellos Inmortales, Desolladores y Pretorianos. Era la
avanzadilla del enorme ejercito necrón.
                                                                  *
Lessiter observaba como en donde hacia un momento no había nada, los Guardias
Imperiales habían construido una base. Eso si, debía de reconocer que eran eficientes. Vio
como por encima de él pasaban gigantescas naves que tenían símbolos del Mecanicus.
Eran gigantescas naves de desembarco, que transportaban el arma definitiva de la
Guardia, los Baneblade. Estos tanques eran gigantescos, comparados con los Leman Russ,
y él creía que con cualquier tanque actual, incluso los Land Raiders de los Marines
Espaciales.

La nave descendió, levantando gran cantidad de polvo a su alrededor, ya que sus turbinas
levantaban verdaderos vendavales. Era gigantesca, comparada con otras. Cuando tomo
tierra, uno de sus gigantescos portones, con una calavera mitad humana, metal cibernética
en su frente, descendió y mostró su profundo vientre. De él salían ruidos de motores y olor
a combustible. Lessiter siguió mirando y vio que los primeros vehículos, gigantescos
vehículos descendían por el portón. Eran tanques, de mayor tamaño de los que nunca
había visto. Iban dirigidos por un oficial de alto rango, quien desde su portilla superior
supervisaba la maniobra. Tenia un gran cañón, un Demolisher decían que lo llamaban, y
con el, montados sobre la estructura principal se veía una torreta con bolters y un
pequeño cañón, tal vez un obús. En sus lados iban montadas dos barquillas, cada una con
un cañón laser y dos bolters. Aquella maquina era la decisiva en cualquier batalla. Vio
como bajaba el primer vehículo y a este le seguían varios, hasta un total de cinco.
 El capitán lo miro y solo dijo una palabra: Baneblade.

Así que esos eran los famosos Baneblades, los tanques superpesados. Pensó que con lo
que costaba armar una monstruosidad como aquella se podrían ordenar varias
expediciones.
 El capitán le conto que aquellos vehículos eran únicos, que no podían ser reemplazados.
Eran el arma definitiva de la Guardia Imperial. Pero le dijo que aquellos no eran nada. Él
había visto, hacia ya tiempo, La Fortaleza de La Arrogancia de Yarrick, el comisario más
famoso de la Galaxia por derrotar a los orkos varias veces en Armageddon, al mismísimo
Ghazghkull Thraka. Y ese si era impresionante. También le relató, que antes de aquellas
máquinas, muchos siglos atrás, existían los Fellblades, los primeros modelos. Pero de esos
no quedaban muchos, tal vez alguno que era una verdadera reliquia de alguno de los
principales Capítulos de Marines Espaciales y que eran todavía más impresionantes, con
barquillas de cañones laser por todos lados y armados con diferentes armas muy potentes.
Le dijo que los llamaban cazadores de Titanes, pero eso era antes de la Herejía de Horus,
ya que después desaparecieron. Muchos cayeron en manos de los traidores, otros fueron
destruidos y solo unos pocos, como ya le había dicho, los poseían los Marines Espaciales,
muy pocos, tal vez se podían contar con los dedos de una mano.

Lessiter miro al horizonte. Veía la tormenta que se estaba forjando, una tormenta que
pronto les alcanzaría.
                                                                    *
Tal-ris se acercaba con precaución para colocarse en posición. Sabia que tenia que estar
cerca, lo suficientemente cerca como para ser rápido e infiltrarse en el Monolito. Era una
tarea difícil, casi imposible. Aunque llevara la capa de camuflaje, cualquier descuido podría
delatarlo y entonces nada le valdría el esfuerzo realizado.
Avanzaba rápidamente, esquivando al enemigo. Se detenía y observaba, como la marea
metálica de los Necrontir se preparaba para atacar a los mom-keigh. Según aquello, no
durarían mucho, serian arrasados lo mismo que lo fue su pueblo siglos antes. Porque lo
único que detendría a los Necrontyr seria que no hubiera nadie vivo en el planeta.
Entonces volverían a sus criptas y allí permanecerían hasta que, otros vinieran. O que él los
detuviese.
                                                                    *
Las primeras falanges de guerra de los necrones se toparon con las defensas Imperiales.
Los cañones laser, bolters pesados, lanza misiles y morteros comenzaron a descargar fuego
mortal sobre ellos. Lejos de intimidarse por el fuego imperial, el enemigo continuaba
avanzando. Muchos de ellos caían, destrozado por los morteros o los misiles, pero las
arañas canopticas recogían sus pedazos y al cabo de un rato nuevas tropas se sumaban al
ataque.

El comisario veía esto, asi que ordeno a un grupo de armas pesadas que concentran su
fuego en una de estas arañas.
Una tormenta de láser y misiles cayo sobre la araña, que impacto tras impacto veía como
su blindaje era dañado. Su única oportunidad de sobrevivir era lazando un enjambre de
escarabajos, que atacarían al enemigo. La araña los lanzo y aquello hizo que las armas
pesadas de la Guardia tuvieran que dividir su ataque al enorme peligro que se les
acercaba. Esto dio un respiro a la araña que empezó a reparar sus dañados sistemas.
                                                                   *
Tal-ris, estaba frente de la entrada al monolito. Afortunadamente no estaba totalmente
desenterrado, solo lo suficiente para que pudieran salir tropas. Observo como la
interminables falanges enemigas salían del Mausoleo, ya que no se podía denominar de
otra forma. Vio como su líder, el Sumo Líder Necron también salía, acompañado por su
Guardia de Honor. Y entonces los vio. Varios Espectros lo acompañaban. Iban a ser
desplegados en la batalla. Aquello era malo, ya que era la única unidad, excluyendo al Líder Necron que podría detectarlo.
Vio como los cinco espectros avanzaban hacia el campo de batalla, pero uno de ellos se
paro de inmediato. Se dio media vuelta y se quedo parado en la puerta de entrada al
monolito.
Era un problema para el eldar. Lo sabia, si no lo eliminaba, su misión podría correr peligro
ya que lo detectaría y no quería tener a una falange de necrontyr detrás de él. Sabía que
podría acabar con ella, pero era muy arriesgado.

Cogió su rifle largo y apunto con él. Solo tenía un disparo así que debía de impactar en una
zona vital del espectro. Miro con la mira un punto débil y vio sus generadores de energía.
Si impactaba en ellos podría dejarlo fuera de combate. Pero había algo más. El Espectro
cambiaba de fase, así que debía de disparar en el momento oportuno cuando estuviera en
el mundo real. Apunto y contuvo el aliento.

Los continuos saltos de fase seguían un patrón, que el eldar adivino pasados unos
minutos, se preparo ya que solo tenia unos segundos para efectuar el disparo y dar en el
blanco.

Cuando vio que el espectro entraba en fase calculo, sabia que solo eran dos segundos asi
que apretó el gatillo.

El proyectil viajo la distancia que lo separaba casi a cámara lenta, vio como cruzaba los casi
doscientos metros en poco más de un segundo, pero aquel segundo se ralentizo una
eternidad. Vio como pasaba cada decima, cada centésima de segundo, poco a poco el
proyectil avanzaba, raudo y sin que nada lo detuviese. Sentía cada brizna de aire, casi
inapreciable, pero que podría cambiar la dirección del proyectil. Y cuando habían pasado ni
un segundo, el proyectil impacto, justo en el momento que el espectro era visible en el
mundo real.
El disparo fue preciso, ya que dio en su generador principal, el cual fue destruido. Ni
siquiera gritó, ya que el impacto silencio todo sonido. Solo vio como casi a cámara lenta, el
espectro se desplomaba.

Cubierto por la capa de protección avanzo directamente, sabiendo ya que nadie podía
observar su avance. Cuando llego al portón del Monolito, vio el cuerpo destrozado del
espectro. No era su mejor disparo, pero por lo menos el enemigo estaba abatido. Se colgó
el rifle largo a la espalda y saco su pistola shuriken y su espada e inhalo aire. Iba a entrar en
el Monolito.
                                                                  *
Las falanges necronas avanzaban imparables. Los enjambres de escarabajos habían
atacado las posiciones de pesadas de los imperiales, destrozando todo lo que encontraban
por el camino. Una escuadra Sentinel intento parar la marabunta con armas de fusión,
pero no duro mucho ya que fue engullido y desmontado. Los imperiales se batieron en
retirada.

Y entonces fue cuando los Leman Russ comenzaron a disparar sus laser y cañones. El
enjambre fue enlentecido en su avance. Pero hasta que los Basilisk, con sus potentes
cañones no entraron en acción, no fue cuando la horda paro su avance.
Aquello fue un respiro para las tropas, que pudieron refugiarse en los bunkers y defensas
elaborados por los visioingenieros. Y desde allí, tras un centenar de armas pesadas
instaladas en torres de defensa, desencadenaron un infierno de fuego y misiles sobre las
falanges.
Hubo muchas bajas, pero aquellas bajas no eran nada ya que los maltrechos necrones
volvían a la batalla gracias a las arañas, quienes cogían sus trozos y volvían a reconstruirlos.
Guerreros, inmortales, omnicidas, desolladores y un sinfín más de tropas. Pero las más
importantes, las pesadas, aún no habían hecho su aparición. Y eso preocupaba al
comisario. El General no había hecho acto de aparición todavía, así que todo el peso de la
operación militar lo llevaba él. Y era un peso temible. El 175 regimiento se vanagloriaba de
nunca haber retrocedido delante de un enemigo, pero ese día les estaban dando una
paliza tremenda. El regimiento aguantaba, el abastecimiento de tropas era continuo, pero
los necrones iba ganado terreno. Era un enemigo formidable, tal vez el mejor al que se
habían enfrentado. Sus tropas eran inagotables y además eran completamente
despiadados en combate. No tomaban prisioneros, ya que a imperial que cogían herido era
ejecutado directamente. Eran maquinas con una única orden, matar, matar a todo el que
tuvieran delante.

Y eso minaba la moral de las tropas. El apoyo pesado de los tanques y vehículos de armas
pesadas iba a ser crucial si querían vencer. Los tanques superpesados aun no habían
entrado en batalla, pero ya llegaría su momento. Y al parecer se estaba acercando.
Aparecieron de la nada, lentamente. Eran inmensas arcas, llenas de guerreros, que
avanzaban disparando. Había varios cientos, pero se podían distinguir dos tipos, uno que
parecía más un transporte, que iba en segunda fila y otro más de combate que iban a la
cabeza. Y en uno de ellos sobresalía una figura, que de pie desafiaba al enemigo. Era el
Sumo Lider Necrón, quien capitaneaba la elite de sus guerreros.
                                                                 *
Tal-ris estaba dentro. Estaba envuelto en sombras, era indetectable a cualquiera, pero aun
así se movía con delicadez y con sigilo. No quería que lo detectaran. Sabía que si pasaba
aquello, miles de necrotyr lo atacarían y la misión habría fracasado.

Se internaba en intrincados pasillos en una única dirección, a la sala principal, donde
estaba el reactor, donde estaban las Joyas de Vida que alimentaban el inmenso Monolito.
Avanzaba como en un sueño. Conocía el camino, aunque nunca había estado allí, ¿o tal vez
si? Tuvo una sensación extraña, como de déjà vu. Sabía que conocía aquellos pasillos.
Nunca, en todos sus años de guerrero había tenido esa sensación. Se había enfrentado a
los Necrontyr muchas veces, pero nunca había entrado en un Monolito, aquello era una
locura. Y ahora precisamente la estaba cometiendo él. Pero se veía movido por un deseo
mayor. El deseo de un gran Bien, no era un asesino, era un libertador. Iba a libertar las
almas torturadas de los miles, tal vez millones de eldars que usaba aquella maquina.
Cogió los pasillos correctos, sin dudar y entonces lo supo, era el sueño, su sueño. Hasta ese
momento no empezaba a comprender. Ese sueño era su destino, y se estaba cumpliendo.
Y todavía faltaba algo. Y en ese momento lo vio.

Estaba en una gran sala, iluminada por la tenue luz de millones de Joyas. Eran los Eldars
cautivos, eran los torturados, los corruptos por los necrontyr.
Y en ese momento oyó palabras, palabras susurradas en sus oídos, quedamente, casi
inaudibles.
Le contaban historias, historias de amor, historias de guerreros, historias de sabios y de
personas normales. Se veía abrumado por tal cantidad información. Toda la memoria de
los antiguos eldars estaba en las Joyas y estas le hablaban. Y entonces sucedió, su Joya
comenzó a iluminarse, y como si fuese una reacción en cadena, el resto de las Joyas
comenzaron a irradiar una luz que iluminaba toda la sala. Como en su sueño.
                                                                 *
Los superpesados abrieron fuego contra sus enemigos. Se abrieron paso lentamente,
apoyados por el fuego de cobertura de los Basilisk y Mantícoras, y acompañados por los
Leman Russ que iban con ellos. Dispararon todos sus mortíferas armas contras las Arcas.
Los escudos de estas repelían los ataque mortales de necesidad de las maquinas de guerra
de los imperiales. La aparición de aquella maquinas elevo la moral de los soldados, que
llevados por un increíble valor, calaron sus bayonetas y cargaban enfrentándose cuerpo a
cuerpo contra los acorazados enemigos.

Lessiter veía todo esto desde su privilegiado punto de vista, en lo más alto de la fortaleza
montada por los imperiales. Estaba acompañado por su sequito, sus hombres que lo
protegerían. Llevaba una pistola laser, sabía como usarla, pero también que aquel enemigo
les superaba en número, pero no en valor y determinación. Miro al capitán, quien
observaba el transcurrir de la batalla. Vio como cerraba el puño en torno a su espada,
como deseaba unirse a los imperiales que estaban allí delante de ellos defendiendo sus
vidas. Pero no podía hacerlo, ya que él era su deber, su obligación. Su misión allí era de
protegerlo y la estaba cumpliendo a su perfección.
Y entonces, Lessiter, movido por el espíritu del capitán hablo.
- Capitán, prepare sus hombres, nos movemos a aquella torre- dijo señalando una torre
armada con un cañón Icarus.
- Inquisidor, mi misión es…
- Su misión es ir donde yo quiera ¿no?
- Si- le contesto el capitán, quién comenzaba a comprender a Lessiter.
- Vamos allí. ¿Sus hombres podrán manejar ese cañón laser no?
El capitán asintió sonriendo. Iban a entrar en combate.
                                                                *
Tal-ris sabía lo que tenia que hacer. Rápidamente saco varias bombas de fusión, aquello
destruiría los cristales y provocaría una deflagración que se extendería por todos los
pasillos. Si las colocaba de forma correcta, los mismos pasillos llevarían el fuego purificador
hasta el mismo reactor, así como varias cargas en él mismo, lo que provocaría una reacción
en cadena. No tendría tiempo de abandonar la mole, pero eso ya no le importaba, sabia
que todos los hechos de su vida lo habían llevado hasta ese momento, sabia por que las
videntes le habían hablado. Lo comprendía todo, aquella seria su gran victoria, su ultima
victoria. Estaba preparado para cumplir con su destino. Ya no le importaba nada, la vida, la
muerte para él era algo irrelevante. Usaría su Joya de Vida como detonante, para que el
resto de las Joyas fueran destruidas. Con ello destruiría a los Necrontyr, y altruistamente,
salvaría a los mom-keigh de una muerte segura.

No le importaba en absoluto lo que pasara. La suerte estaba echada.
                                                                 *
Lessiter, desde la torre, ayudaba a los soldados inquisitoriales a mover de posición el
cañon Icarus. La primera andanada había dañado seriamente una de las arañas, que se
había quedado parada en el campo de batalla, tal vez reiniciando sus sistemas de
autoreparación. Ahora su objetivo era una de la Arcas, una que parecía un transporte de
tropas. El artillero apunto, y cuando estuvo todo preparado disparo el cañón. El impacto,
masivo, revoto en su escudo, pero este titiló solo. El artillero ya estaba preparado para un
segundo disparo, que fue lanzado contra el objetivo. Este si impacto, destrozando el ya
frágil escudo e impactando de lleno en el Arca, que estallaba en un fuego de color verde
intenso. Después estallo.
De las gargantas de aquellos hombres, incluido Lessiter, salió un grito de alegría ya que
uno de aquellos mortales enemigos había sido destruido. Y entonces lo vieron.

Era un Arca gigantesca, mayor que ninguna y en ella venia un personaje muy especial.
Debería de ser el Líder Supremo.
Llevaba un gran bastón de energía que giraba sobre su cabeza en dirección al enemigo y en
su otra mano, un gran orbe repleto de energía. Su cuerpo entero era recorrido por ríos de
energía, que al tocar cualquier necron caído, este se rehacía inmediatamente y volvía a
combatir de nuevo. Lessiter miro con desanimo. Sabia que no podrían ganar esa batalla.
                                                                   *
El eldar esta dispuesto. Las cargas estaban dispuestas en el reactor. Toda aquella inmensa
mole seria destruida, solo debía de dar la orden. Y entonces se concentro, como le habían
enseñado cuando era muy joven, casi un niño. Le dijeron que con su poder mental podía
logra lo que quisiera, él no lo creyó en ese momento, pero ahora era cierto. Y oía las voces,
las voces de miles de almas gritando en eterno sufrimiento. Solo él podía darles el
descanso que merecían, aunque estuvieran corruptas. Sabían que no podían ser llevadas
con el resto, pero ya no les importaba eso, necesitaban descansar por fin.

Se concentro en un pensamiento, un pensamiento puro y sincero. Su Joya de Vida
comenzó a iluminarse y el resto, igual que la suya, también. Con los ojos cerrados repetía
una y otra vez las palabras. Noto que todo a su alrededor cambiaba, que nada era como
antes, que las cosas eran mejor que por fin había encontrado el equilibrio que necesitaba
en su vida. Y pronuncio la ultima palabra.

Aquello fue la reacción necesaria. De su Joya partió un rayo de energía que fue fundiendo
cada una de las otras Joyas. Era energía pura concentrada, el gran poder de los Antiguos,
de los poderosos. Era el Poder de Khaine y de su Avatar, concentrado en aquella Joya.
Todas y cada una de la Joyas fueron fundiéndose, al principio poco a poco, pero después a
gran velocidad. Y aquello activo la primera deflagración. La sala entera se lleno de fuego,
fuego y energía, que quemo y destrozo todo lo que se encontraba a su paso. Los otros
explosivos, en sitios estratégicos fueron detonando a medida que el fuego y la energía
avanzaban, destruyendo todo lo que encontraban a su paso, hasta llegar al reactor. Donde
se produjo una reacción en cadena.
                                                                        *
El Líder Supremo se enseñoreaba en su victoria, viendo como los humanos eran
destrozados por sus falanges de combate. Nadie podía pararlo, era un recuerdo que lo
impregnaba, que le hacia recordar cuando derroto a los estúpidos eldars que se opusieron
a él, a sus esclavos cuyas almas tenia en el Monolito y que le proporcionaban la energía
para dominar aquel ejercito enorme. Y aquello era poder, el verdadero poder que los CTan
le habían otorgado solo a él.

Y entonces paso. Lo primero fue un brutal terremoto, que asolo todo el planeta. Parecía
que algo se había desgarrado en él, en su interior. Todos los que estaban allí lo notaron,
incluso en las naves de combate que estaban en orbita.
A esto le siguió un estallido de energía incontrolable, que cegó a todo ser viviente del
planeta.

Lessiter quedo totalmente deslumbrado, como el resto. Estaba tirado en el suelo, agarrado
a uno de los salientes de la gran torre. El capitán y el resto de su escolta estaban allí con él.
El Icarus se había movido, pero aun continuaba operativo. Se levanto y vio el campo de
batalla. Los imperiales estaban en el suelo, tirados, recuperándose del terremoto y
completamente deslumbrados. Pero lo que realmente le sorprendió fue cuando vio como
los necrones reventaban en estallidos de energía verde. Una inmensa cantidad de energía
los estaba consumiendo a todos. Su Líder estaba perdiendo el control del gigantesco
ejército, las falanges de combate se estaban deshaciendo literalmente.
Vio el gran Arca, con el Lider sobre ella. Lo miro fijamente y dijo una cosa.
- Acabemos de una vez por todas con esto.
El capitán asintió y con la ayuda de varios escoltas reposiciono el Icarus. El artillero ocupo
su lugar y apunto directamente al Arca. Un rayo laser de gran potencia impacto
directamente en la nave, pero los escudos desviaron la enorme potencia del rayo. Eso si
chisporrotearon.
Lessiter comprendió lo que pasaba. Aquel impacto había desgastado la potencia del
escudo, lo que significaba que un segundo disparo bien dirigido podría acabar con el Arca.
El Líder Necron sabia que aquel disparo había disipado su escudo protector. Así que dio
orden de enfilar su Arca contra la torre. Dispararían con toda la potencia de sus armas
contra aquellos malditos humanos. La batalla estaba ya pérdida ya que su ejercito se
estaba diluyendo, no comprendía por que pasaba eso, algo iba mal. Y entonces lo
comprendió al mirar su orbe, que estaba perdiendo su fuerza. Las Joyas, junto con el
Monolito habían sido destruidas. Furioso dirigió sus dedos esqueléticos hacia aquella torre,
acabaría con todos ellos antes de retirarse.
Lessiter vio como el Arca apuntaba ¡hacia ellos.
- ¡Necesitamos disparar ya capitán!
- Unos segundos más señor- dijo el oficial- el cañón aun no esta dispuesto.
- ¡Capitán esa maldita nave nos va a destrozar!
- Cañón listo- dijo el artillero casi al mismo tiempo.
- ¡Fuego!
Un disparo laser partió de la torre. Casi al mismo tiempo que los cañones delanteros del
Arca dispararon en dirección a la torre. Ambos se cruzaron en la distancia y ambos
impactaron directamente en sus respectivos objetivos.
Lessiter solo recordaba una cosa de ese momento, la sensación de que algo tiraba de él.
No sabía lo que era exactamente, pero salió volando, junto con el capitán y su escolta,
unos segundos, tal vez solo fueron milésimas antes de que el impacto destrozara la torre,
el Icarus y todo lo que estaba allí arriba.
Cuando se vio estaba en una parte de la muralla externa de la improvisada fortaleza, y el
capitán le tendía la mano para ayudarlo a levantarse.
Cuando se levanto vio que el Arca había sido totalmente destruida.

El Líder Necron, unos segundos antes de que el disparo del cañón impactara miro su orbe e
intento sacar más energía de él, pero aquello era fútil, ya que la fuente de energía de
donde sacaba todo su poder había sido destruida. Sintió el impacto, como su cuerpo era
desgarrado por el impacto del cañón laser y vio, en sus últimos segundos como su orbe de
poder era destrozado en añicos, como una gigantesca cuenta cristalina. Y en ese momento
todo desapareció en sus ojos en un gran estallido.
                                                                         *
El Comisario Dechart miro el campo de batalla. Habían ganado, como siempre el 175º
Regimiento de Cadia había cumplido, habían hecho lo que se esperaban de ellos. Una gran
victoria más que apuntarle al General, aunque él hubiera estado todo el tiempo en la
Nave Comandante de la Flota. Su visión táctica era quien había ganado la batalla pensó.
Pero el en su fuero interno sabia que todo aquello era una falacia, una gran mentira. El
General hacia mucho tiempo que no era como antes. Se había transformado más en un
burócrata que en un militar, y siempre había alguien que librara las batallas por él. Se
llevaría los honores, pero los verdaderos héroes estaban allí, en aquel campo, algunos
vivos, muchos heridos y la mayoría muertos. Él vivía un día más, solo con eso se sentía
satisfecho.
                                                                       *
Lessiter, después de la batalla observo la inmensa llanura. Era un revoltijo de piezas,
cuerpos de necrones y cuerpos humanos. Vio aquello y se pregunto el porqué. Porque
aquel desatino, aquel gasto de vida inútil por un planeta que era un erial. Muchos hombres
habían muerto allí, entre ellos varios de su escolta. De los diez que los acompañaban solo
cuatro habían sobrevivido a la explosión de la torre.

Estaba desanimado, aquello no había servido absolutamente para nada, era totalmente
inútil. Todas las riquezas de aquel planeta no valían ni la mitad de las vidas que se habían
perdido allí.

Vago durante mucho tiempo, no sabia si habían pasado minutos, horas o días. Ando sin
dirección. Paso por delante de las ruinas, aun todavía más destruidas y las dejo a un lado.
Algo le hacia andar así, no sabia por que pero, de repente se vio delante de un gigantesco
cráter.
Supuso que aquello fue lo que provoco el terremoto, un terremoto que sacudió todo el
planeta. El edificio, o lo que fuera que hubo allí era gigantesco, ningún ser humano, ni
alienígena podría haber construido aquello. Con ese pensamiento en la cabeza se fue a
girar, pero algo le hizo reaccionar. Vio como un parpadeo, un brillo en el fondo del cráter.
No sabía lo que era, pero cuando se dio cuenta bajaba por la pendiente accidentada.
De pronto se detuvo y vio en el suelo, entre las ruinas algo que brillaba. Lo cogió y lo
examino. Vio que tenía intrincadas runas, que reconoció como eldars. Aquello no le
extraño, ya que aquel antiguamente debería de haber sido uno de los mundos perdidos
Eldars.
Miro el objeto, que era como una joya del tamaño de un colgante. Cuando la toco refulgió,
brillante.
Y entonces lo oyó directamente en su cabeza, una voz, una cálida y suave.
LLEVAME A CASA.

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